¿Cómo es posible que una canción de casi diez minutos de duración te pueda parecer corta? ¿Cómo es posible que una canción que sabe a lágrimas, desde la primera nota, fluya, sin embargo, como agua que empapa mi cabeza? ¿Qué tiene Ricardo Lezón en la voz? Lágrimas, lo dicho. Este hombre es de los pocos que me hacen llorar con sus canciones, con su manera de entender la música e interpretarla y “Naoko” es el mejor ejemplo de ello. Pertenece (cierra) el disco “Tú nunca morirás” (Subterfuge 2009), el momento más amargo e inspirado del quinteto de Getxo. Esta pieza enorme es literatura cantada con saliva amarga. Todos sabemos la limitación vocal de Lezón y que su manera de quebrar las sílabas es algo que al principio chirría, sin embargo es esa su seña de identidad y una de las características que más se clavan en el cerebro una vez que éste lo asimila. Siempre he dicho que no hay que cantar como Dios para conectar con el público porque lo que prima es la emoción con la que lo hagas y la forma de expresar sentimientos. “Naoko” es densa, oscura, mística, literaria, arena en los bolsillos y agua turbia. Ricardo Lezón es uno de los mejores letristas/poetas de nuestro país y a las pruebas me remito.

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