Ni ex flamenco, ni mamarracha, ni extremo, ni punk. Niño de Elche es un artista

Con un escenario de baratillo: dos plantas de plástico de los chinos, unas telas compradas en el mercadillo, rincones y esquinas; cuadraturas y círculos perfilados con cinta aislante de brilli brilli, unas luces sencillas, pero efectivas y poco más. Esa es la selva en la que se esconde este señor, Paco Contreras. A la extrema izquierda del arte y flanqueado—también a sus extremas—por tres bestias pardas del sonido: su inseparable y prodigioso oso polar, Raúl Cantizano, su delicada y contundente, a la vez, estrella polar, Ylia y su iceberg sonoro V. Martínez. Tres piezas del traje verde y serpiente de Niño de Elche que acompañan los envites de éste en escena.

‘Colombiana’ es su última ida —y vuelta—de olla. Cantes que fueron a las tierras lejanas de las Américas y que volvieron más apropiados, quizás. Siendo profanos en la materia aprendimos de estas canciones  que son droga y especias. Cacao, contrabando, pobreza, señoritos, coroneles, esclavos, mujeres fumadoras, gitanas equivocadas de la vida, bombas sonoras rellenas de mensajes nada subliminales sobre el poco conocimiento que tiene el público flamenco entendido sobre las cosas que se venden ‘sin identidad’, que ahí está la auténtica libertad del individuo: no tener una etiqueta colgada al cuello desahoga mucho, porque éstas aprietan, ahogan, asesinan…

¿Una mamarracha? que canta como los lobos encelados, ¿un falso intelectual? que recita sus proclamas, de andar por casa, sin dejar cabeza sin su títere: nacionalismos varios, mordazas, políticos inhumanos como ese que sólo le pregunta al público, a su público, cuando se sabe ganador. ¿Transgresor? que ni canta, ni baila pero no se lo pierdan…

En Suena Conde Duque le escuchamos este ‘Colombiana’, disco producido por Eblis Álvarez de Meridian Brothers, íntegro en el fondo y en la forma. Vimos en ese escenario de colorines a un artista enorme, capaz de meterse al público en el bolsillo desde la primera nota de voz. Un ejercito de gente inclasificable: vimos familias con niños pequeños, jóvenes modernas, modernas de mierda, señoras bien con collares de perlas (de tres vueltas, mínimo), no tanto hipster, mucho progre del tipo socialista de toda la vida, quizás algún centrado a la derecha tipo Rivera, algún descolocado podemita y estoy seguro que espiando lo vivido y expiando su falta de criterio y su máxima machirula, algún amigo de Vox que tras el concierto tuvo que esconder su fascinación por este marica irredento al que hay que llevar a terapia para ver si se le pasa y al que, seguro, buscó por alguna de esas aplicaciones nocturnas y farloperas de la madrugada caliente.

A sus pies, Niño. Enteramente.

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