Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Selector de frecuencias’ del Aviador Dro

Recién leía esa gran obra mutante: ‘Anarquía Científica’, edición de Patricia Godes, en la que se relata la historia, obra y milagros—o lo que es lo mismo: la revolución tecno del Aviador Dro— me iba dando cuenta de lo mucho que ha supuesto este grupo para mí. Ahora recordado con añoranza y cierto halo de nostalgia (bien llevada) sobre lo que fue este país, a nivel musical y revolucionario. No hay color, ni en los ojos de los que bailan. Recomiendo, encarecidamente, la lectura de este libro, publicado por Editorial La Felguera, ya que no se trata de una biografía conmemorativa al uso. Aquí hablan muchos de los personajes que ayudaron a crear este puzzle de brutos mecánicos con mirada futurista y cara (máscaras) de pocos amigos. Desde sus ‘hacedores’ a fans o periodistas afines al concepto. Todos, todas, desgranan su punto de vista sobre el Aviador y sus Obreros Especializados amén de una visión de la sociedad de entonces y las formas de entender una industria emputecida, aún más que hoy.

aviador dro. anarquia cientifica-9788412044218

Pero vamos con la sección que hoy nos ocupa y que nos lleva a aterrizar en su canción más emblemática, su primer y más importante éxito: ‘Selector de Frecuencias’. Tema que tuvo dos vidas, o dos versiones, la primigenia de 1982 perteneciente a su álbum ‘Ala sobre el Mundo’ y la versión Julián Ruíz que les hizo meterse de lleno en los añorados 40 Principales de los primeros 80. ‘Selector de frecuencias’ fue un todo para los que vivimos paralelos a series de televisión como ‘Espacio 1999’ o el propio ‘Mazinger Z’. Aún recuerdo—en mis cintas—el placer que me producía escuchar esta canción y cerrar los ojos, sobre todo en el estribillo, protagonizado por esa frase que da título a la obra, junto con los sintetizadores acompañantes, los auténticos planeadores. Lo que vino después fue todo un alarde de estilo, concepto, magia, modernidad y mucha actitud ante una sociedad borreguil que aún se miraba el ombligo en blanco y negro. Desde otro máxi histórico y super ventas como ‘Amor Industrial’ al álbum doble, ‘Síntesis‘, con su escisión bailable, ‘Tesis‘ (Baila la Guerra, Vortex, Plancton, Nestor el Ciborg) o su obra cumbre, el maravilloso ‘Cromosomas Salvajes’. 

Están celebrando sus primeros cuarenta años de vida y para ello se han embarcado en una gira que les llevará a Sevilla (30 de agosto, Centro de Arte Contemporáneo de Sevilla+El último vecino) a compartir escenario con uno de los proyectos de otro de los grandes de la electrónica patria, Mist3rfly. Se trata de Misterfly Dúo junto a Víctor Eme.

cropped-lumiere-36.jpg

 

Anuncios
Imagen

Canciones que me hacen llorar (y sonreír): ‘Melody Of Love’ de Hot Chip

Había perdido el interés en el proyecto. Hot Chip llevan varios discos, a mi juicio, flojos. Sin embargo (o sin encambio, como dirían algunos) su último trabajo, ‘A Bath Full Of Ecstasy‘ es una joya del pop, de la electrónica. Y lo es de principio a fin, aunque hoy nos quedemos con el inicio. ‘Melody of Love’ es, sencillamente, sublime. Y el videoclip que la acompaña aún más. Un caleidoscopio de sensaciones, de emociones, de sentimientos. Todo aquello que pueda reflejar nuestro rostro. Primer plano de caras en color y blanco y negro. La dualidad perfecta para expresar. Las lágrimas que resumen el miedo, la risa, la rabia. Tan sencillo como efectivo. Al igual que la melodía de esta maravillosa muestra de talento electroduende. La canción crece y crece en mi cabeza con cada escucha. Me hace volar. Con cierta dosis, bien camuflada, de épica. La forma de cantar de Alexis Taylor, su registro vocal, alcanza aquí una de sus mejores cotas. Esta melodía de amor podría ser la BSO perfecta para este inicio de verano. 

El nuevo single tras el estupendo es ‘Spell’ y este es su recién estrenado videoclip.

cropped-lumiere-34.jpg

 

Imagen

Una nueva obsesión por The Cure

La banda británica, el icono máximo del pop-rock oscuro por antonomasia, anuncia nuevo disco.  Aunque tenga curiosidad, es lo de menos. Hace poco mi buen amigo Javier Castellanos me recomendaba la lectura de Cured (MalPaso Ediciones), la biografía del grupo contada por uno de sus hacedores,  Laurence “Lol” Tolhurst.

515JRbn5oAL._SX332_BO1,204,203,200_

Junto a Robert Smith dio forma a una manera de sentir la música que trascendió su localidad natal, Crawley (Inglaterra), para enamorar a millones de fans en todo el mundo. Almas vestidas de negro y gris. El sueño de dos—luego tres—chicos imaginarios que hicieron del ruido una vía de escape salvadora (sanadora) para huir de una ciudad tan gris como la niebla. El tedio de los primeros álbumes de The Cure se entiende mejor leyendo las vicisitudes vitales de sus componentes.

No eran unos amargados de pose, sólo se expresaban lo mejor que podían y esa forma de declamar se convirtió en el mayor culto hacia un grupo de música, yo diría que de toda la historia de la misma. El joven Lol era, como su amigo Robert, un chico de provincias con inquietudes, con ganas de comerse el mundo, sin más parafernalia. En su caso se lo comió y lo regurgitó. Amigos de la infancia que se aman, por encima de cualquier vicisitud. Y es que es de eso de lo que habla Cured: de amistad, de experiencias, de subida al cielo y bajada a los infiernos. De amor por la música y sus consecuencias, buenas y malas. El alcoholismo y su dramática forma de estropear lo que toca. La soledad de la autodestrucción. El olvido y el reencuentro.

Sin Tolhurst no se entendería la historia de esta banda. Un conjunto, siniestro en sus formas pero no tanto en el fondo, que tardó casi una década en triunfar a lo grande. Lo masivo llegó con la publicación de ‘The head on the door‘ en 1986, seis discos después del debut en 1979 con ‘Three Imaginary Boys‘. No cejaron en el empeño de seguir el camino que les dictaba el corazón. La oscuridad fue la seña de identidad y la han mantenido siempre, incluso en canciones más luminosas o experimentos electrónicos como ‘The Walk’ o jazzísticos como The Lovecats’.

Sea como fuere la lectura de estas memorias han suscitado una nueva obsesión en este que escribe. Mientras devoraba el libro escuchaba los discos por orden cronológico y, sinceramente, los he entendido mucho mejor, es más, creo que antes no tenía ni puta idea del concepto The Cure. Todos los álbumes están pasando otra vez por mi cabeza, con mucho más ahínco que en el 84 cuando les descubrí. Quizás sea el momento de que alguien cuente la historia de Depeche Mode, un Alan Wilder, por ejemplo, con el fin de redescubrir joyas como esta:

cropped-lumiere-34.jpg

 

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Ausentes Presentes’ de Miss Caffeina

Hoy hablaremos de una canción que ha venido a remover mucho por dentro. Una B.S.O perfecta para un tipo de miedo que os quiero explicar, o intentarlo al menos. Hablo de un temor profundo, individual  aunque imagino que la mayoría de lectoras/es habrán sentido alguna vez algo parecido. Quizá lo estén padeciendo en este mismo momento. Aquí y ahora. Hablo del miedo a la pérdida cercana. Miedo a la muerte, pero no a la de uno mismo. Ni siquiera hablo de la muerte física. Verbalizo el temor a quedarte huérfano de referentes; a ver pasar el tiempo y con él esa tabla de salvación que siempre serán tus padres. Hay gente que se da cuenta demasiado tarde. Todos pasamos por esas fases vitales: sentir su protección y acomodarse en ella, compararlos con tus héroes favoritos, rebelarse contra sus mandamientos, por aquello de ir perfilando tu propia personalidad, renegar incluso de ellos para volver a enamorarte de su amor eterno, real y único. Y tener miedo.

 

Ya me sequé de lágrimas hace años con la desagradable partida de mi padre. Esperada, sí, pero demasiado acelerada y cruel. Hubo tiempo a asimilar lo justo. Con el tiempo el corazón hace su trabajo y lejos de mirar atrás con tristeza, haces del dolor un rosario de recuerdos, casi todos agradables, que se traducen en una ligera sonrisa cuando te enfrentas a situaciones que recuerdas calcadas a las vividas con él. Todo está dentro de la normalidad. Aún queda tu madre, así que sigues aferrado a su timón, a sus caricias, consejos y broncas; a su forma de querer, sin contemplaciones, a hijos y nietos. Ahora la escuchas más y asientes cómplice ante sus propios miedos, su soledad…Todo dentro de la normalidad, hasta que comienzan  los primeros síntomas de enfermedades propias de la edad. Ahí es cuando te deshaces vivo. La mayoría de las dolencias, repito que propias de la edad, no son nada grave, tienen remedido a corto plazo aunque a ti se te hagan un mundo. Más que a ella, estoy seguro. Ella lo único que quiere es no molestar mucho a sus hijos. No enfermar para depender. Irse en un trasluz, sin hacer ruido. Todo dentro de la normalidad…

hqdefault

Pero amigo, todo eso que puede ser asimilable, en mayor o menor grado, se queda en nada cuando lo que enferma es la mente. Cuando se establece, paso a paso, esa cruel memoria de pez. Cuando notas que ha llegado otro brote de demencia y tu madre no sabe ni dónde está, ni quien eres. Ni quien es su propio hijo. Imagino que las primeras fases de la enfermedad son así de impactantes y que conforme avanza el tiempo te vas situando en el contexto que te toca: ser tú quien cuide de tu guardiana. Pero la primera, la segunda o la tercera vez (quizás todas, no sé) aterrorizan. Te da por pensar en lo injusta que es la vida para con aquellas personas buenas. Y lo peor, imagino, está por llegar. Por eso, en la medida que me permite el tiempo, me siento a su vera para preguntarle. Ella me cuenta cosas de su niñez, historias tremendas sobre la pobreza y el hambre. ¡Qué vamos a saber nosotros de eso!  Yo las anoto. Lo mismo me da por escribirlas un día. Quien sabe.

 

Tiempo, veneno y antídoto. ¿Habla de eso esta canción de Miss Caffeina?

Gira el mundo un día más para los que se creían invencibles. Amanece un día más cuando todo se pintaba de imposible. Parece que ahora hay que estar preparados para escucharte hablar en un cassette y que lo peor no sea el tiempo que hace de… sino que hay días que no recuerdo tu voz. Ese es mi dolor. Ver que te esfumas es mi dolor. Pasa el tiempo y tú con él con los años languideces. Olvidamos que al final el silencio se hace fuerte entre paredes. Los días que vuelves son diferentes son refugios breves, que se extinguen después. La memoria no se rinde pero advierte que ya sabe cuál es su dirección. Ese es mi dolor. tiempo, veneno y antídoto. Ese es mi dolor. Pensarte es tocar arena en el viento ruido disperso. Las estaciones se vuelven lugares simétricos giran lento. Ese es mi dolor. Tiempo, veneno y antídoto. Ese es mi dolor.

cropped-lumiere-34.jpg

Imagen

Canciones fluorescentes: ‘Ameno’ de Era

Era: concepto New Age apocalíptico con coreografía cercana a los Locomía de los 90. Finales de la década y una tendencia de moda inspirada en las películas de caballeros medievales, espadas enterradas en piedra y brujerías varias. Era, fue uno de esos proyectos efímeros que elevaron a los altares el Latín, cantado en guachiguá. A la sombra de los cantos gregorianos, los monjes budistas, Enigma, Lorena McKennitt o la mismísima Enya. La segunda mitad de los 90,s fue una etapa de creer, de relajarse escuchando estos sonidos que copaban listas de éxito, de ventas, televisiones y radios. Por un lado estaban triunfando como nunca Radiohead con su eterno ‘OK Computer’, Portishead, The Verve o La Buena Vida, sin embargo las ventas de disco-singles se la llevaban engendros como este. ‘Ameno’ es una suerte de pop etéreo, gótico, oscuro y elegante. Música para amantes de la épica literaria de un Tolkien, pasado de rosca.  Sin embargo a servidor le fascinaba tanta elegancia. ¿Recuerdas?

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Montañas removidas por las voces de Molina Molina y Javier Álvarez

Es la canción que cierra el sobresaliente tratado pop, ‘La gran Esperanza Blanca’. Es la canción elegida como último single del citado álbum y en la que colabora un renacido Javier Álvarez. Para rizar el rizo— de los vientos que soplan entre las montañas—aterrizan ahora con la versión en acústico de este temarraco tan mínimo. Y para darle un pequeño giro dotan esta pieza de coros luminosos, no vistos/oídos antes. Ambos artistas se preguntan y contestan sobre lo que pudo ser, lo que hoy es, las verdades como puños, la estanqueidad del amor que se resiste a perderse, que se insulta así mismo por cobarde.

El artista granadino sigue peleando este primer disco y, entre otras muchas cosas, es una de las confirmaciones de este festivalaco.

52746965_1137843263050403_4102846824665055232_n

cropped-lumiere-36.jpg

 

Imagen

Setlist de ‘Extrapolaciones y dos preguntas’

Como sabéis aquí no solemos hablar de cosas que no nos gustan. Menos aún si nos enfrentamos al proyecto tecnoPó que más se nos ha atragantado en la historia de la música. Sí, ese dúo tan cateto y tan vibrato. No, no son Fangoria, no. Hablamos de OBK. En este caso hacemos una excepción y rompemos la línea editorial para lanzar un mensaje a Alaska y Nacho: ¿No habría otra canción para abrir un disco, verdad? Y lo peor es que no la hacen crecer, no se la llevan a un terreno más choni, bacalaero (aunque lo parezca). Vaya, no hacen de esta versión una canción que parezca nueva,recuperable, para las pistas de baile de todas las verbenas de España.

Sin embargo ya conocemos el set completo que conformará este primer disco. Con una sola canción nueva pero con títulos que nos dan cierta esperanza alrededor del universo Fangoria. Al menos vamos a dejar de escuchar los mismos lamentos de los últimos cuatro o cinco discos de las primas de las Nancys.

Ahí va.

-Historias de amor
– Dame estrellas o limones

– ¿Qué sería de mi sin ti?

– Llorando por ti (Imaginamos que la de Camela)

– Metaluna

– La banda sonora de una parte de mi vida

– Tormenta en la mañana de la vida

– Coches de choque

– Solo para ti
– Gritando Amor

– Diferentes

– Santos que yo te pinté

– Voilá
– ¿Quien te has creído que soy?
– ¿ De qué me culpas?

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Wishing (If I Had a photograph of you’ de A Flock Of Seagulls

Al rebufo de The Human League o Ultravox. A la derecha del padre Tecnopop clásico, elegante y barroco a más no poder. Sus peinados fueron seña de identidad—mejorando lo presente: el iconico Robert Smith—, también su estética/concepto futurista ilustrado. Sin embargo no lograron un éxito a la altura de sus coetáneos. Algún single del primer álbum de 1982 (I Rain o Space Age Love song) y poco más. Sin embargo esta canción de hoy es la que más calado tuvo entre los fans de la electrónica de hombreras.

«Wishing (If I had a photograph of you)» tiene una de esas melodías instrumentales que bien valen por una carrera entera. Pertenece al segundo largo de la banda,  si bien no llegó muy alto en las listas de ventas de Reino Unido, ni en ningún otro lugar del mundo. Un destacable Top 10 en UK y poco más que contar. Aún les vemos deambular por redes como Instagram, por lo que intuimos que siguen en activo rememorando tiempos pasados que ya solo interesan a los fans más radicales.

r-108207-1241049258.jpeg

Un medio tiempo sintético, sofisticado, seco, metálico y muy moderno para los que nos cardábamos el pelo en los 80 y mirábamos a nuestra chica o chico desde la lejanía de cualquier pub; desde la otra esquina de la barra sin atrevernos a decir lo que sentíamos a la persona a la que amabas en secreto. Morías por su pelo, sus labios, su ropa, su forma de bailar…pero hasta ahí.

cropped-lumiere-36.jpg

 

 

 

 

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘No habrá fiestas para mañana’ de Danza Invisible

Posiblemente la última gran canción de los malagueños. Aquella Danza Invisible que en el 84 nos hizo soñar que estaban sentados a la diestra de Simple Minds, a los que no tenían mucho que envidiar si atendemos a sus primeros singles: ‘Tiempo de Amor’, ‘Al Amanecer’ o ‘El Ángel Caído’. Ni Ojeda ni, sobre todo, Ricardo Texidó, ocultaron jamás la influencia de tan magnánima banda. Y es que eran potentes, elegantes, músicos y con un directo demoledor. Por el ‘Ocio y Negocio’ cambiaron su registro para latinizar su música y ahí ya no. Servidor, desde luego no. Hubo tres discos—o mejor uno y medio—que relumbraron por su calidad. Los sencillos de ‘Contacto Interior’, casi todo el mini-elepé de ‘Maratón’ y este sobresaliente ‘Música de Contrabando’ del 86 son, para mí, lo mejor de su carrera. Sonidos fríos y calculados que se fueron amoldando en este disco que se presentaba con ‘Mercado Negro’, uno de sus sencillos menos conocidos, para dar paso a canciones que se quedaron para siempre entre lo mejor del pop español de los 80: ‘Sin Aliento’, ‘Agua sin sueño’ o ‘Espuelas’. Y cerrando el circulo el tema que nos ocupa y que, en un principio, pasó desapercibido por completo. La angustia en acústico: desnuda, sin filtros ni sobreproducciones pasadas. La voz de Javier Ojeda—que ya había dado muestras de sobra de su capacidad—aquí se corona como la MEJOR, la voz que muchos quisieron imitar sin resultado. Engolar la voz así y que no quede vergonzoso solo estaba a su alcance. Que se lo pregunten al héroe del silencio aquel…

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘I Wanna Be Adored’ de The Stone Roses

Aunque la letra es todo un alegato al ‘yoísmo’ más irreverente, a la par que simple, servidor no la llegó a entender hasta adquirir los mínimos conocimientos de la lengua de Shakespeare. Tampoco era tan complicado atendiendo a un estribillo machacón que nos decía: ‘Quiero ser adorado’. Sea como fuere este himno de finales de los 80 fue una de las canciones más conmovedoras de aquel movimiento ‘Madchester’ que atrapaba a propios y extraños con melodías cercanas—muy cercanas—a The Beatles pasadas por un filtro dance casi lisérgico. La canción abría el álbum debut de los británicos, comandados por Ian Brown, cuya adoración, como su propio titulo indica, fue total y absoluta por parte de crítica y público. No tuvieron que vender su alma, en absoluto. Fueron alzados en volandas hasta el altar del mayor grupo de culto del Reino Unido con tan solo dos discos en el mercado y no pocas desavenencias entre sus miembros que, una vez desmembrados, dieron vida a otros proyectos maravillosos como Seahorses o Primal Scream.

No entendía la letra pero sí la intensidad de la canción: su épica que relacionaba con dolor y tristeza, con rabia y rebeldía…Sólo había que ver como iban vestidos, dejando atrás el culto a la imagen de los 80 y cómo era su puesta en escena; ni bailar, ni cantar. En cualquier caso no había que perdérselos.

cropped-lumiere-36.jpg

 

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Give It Up’ de Talk Talk

El color de la primavera representado, en la portada de este disco de 1986, con un collage de mariposas de tonos ocres. El color de la primavera no fue un disco excesivamente alegre, aunque lo pareciese—o pareciera—. Ocho canciones tienen la culpa de tan sublime obra maestra. Un disco sin tiempo pero con forma. La mística, la espiritualidad, el desafío a lo establecido en aquellos años en los que para triunfar había que seguir la estela de unos Duran Duran cualquiera. Ellos, comandados por Mark Hollis, no fueron normales, no. Desde la voz, tan característica del líder, a la temática en sus textos, pasando por unos arreglos que dejaron atrás el pop electrónico para aventurarse—y multiplicarse—en capas y capas de sonido, de vientos, percusiones varias y mucha delicadeza. Ponemos un ejemplo de ese álbum, aunque podrían ser muchos más los temas a incluir en esta sección. Desde su apertura, ‘Happiness is Easy’ al cierre, ese magnánimo  ‘Time It’s Time’.

Talk_Talk_-_The_Colour_of_Spring

Hasta los mismísimos Depeche Mode—Alan Wilder incluído—destacaban entre sus influencias a este conjunto londinense. El mismo Dave Gahan llegó a decir que eran el mejor grupo de la historia de la música. Ahí queda…Ríndete hoy, si no lo hiciste en su día.

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

La bellísima vuelta de Salvador Tóxico

No es una canción de Navidad, pero lo parece. No es una canción de amor desesperada, pero lo parece. Una lucha interna, quizá. Sea como fuere— las lecturas podrían ser muchas—lo importante es que Salvador Tóxico está de vuelta. El proyecto, encabezado por Javier Castellanos, acompañado aquí por Javier León y Chema Ruíz, da un pequeño giro a su delicada propuesta, mínimo al menos en este ‘Laboratorio Espacial’, sin abandonar la esencia, para demostrar que pueden seguir creciendo. La canción es el adelanto— o regalo navideño—de lo que está por venir: un álbum de once nuevas canciones que se recrudecen para ahondar en el interior del artista, aquí exponenciando su miniatura, esa pequeñez que hace de Castellanos su seña de identidad.

Una vuelta al Salvador Tóxico más íntimo, más desgarrado, más obsesionado por ofrecer canciones envueltas en capas y capas de sonido, de matices, de mínimos. Nos Miran, el dúo revelación del año, le da el toque sideral a una canción enorme, sobre todo la fase final en la que los coros le cantan a un Satanás envuelto en luces navideñas. Un final de película que bien podría acompañar una nueva revisión de ‘Qué bello es vivir’.

Los chicos de Rau Foto le ponen luz a este lyric. Nos pasean por Madrid de la mano de sus elfos.

cropped-lumiere-34.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Bailando con el viento’ de Pachi García Alis

Así, desde la primera escucha. ‘Bailo solo porque solo es como vine a este lugar…’ Coraza, protección modo ON. ‘Bailo con mi soledad, que no me va a pisar…’ Colisión. Mienten, todos mienten. Un medio tiempo precioso no, lo siguiente. Qué difícil es vivir rodeados de mierda, de dolor en todas partes. Más vale solo que mal acompañado. ¿Qué coño le pasa al mundo, a la gente? ¿Qué nos lleva a ser tan fríos y calculadores? Cada vez más. Podría ser este el anti-villancico de esta Navidad. Lírica perfecta para reflexionar mucho, para abrazar al que tienes al lado, buscar el encuentro, bailar con el viento, pero juntos. El hartazgo parece ser ley y nada me pone más triste. Yo también estoy harto de esperar…

DsiY8R5WsAAmHTo

Acaba de nacer otro clásico del pop español.

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Our Mutual Friend’ de The Divine Comedy

Una desgarradora historia de desamor. De tormentas y tormentos que surgen de la casualidad, que crecen, que se viven hasta el final y que, luego, desaparecen. El amor al que le canta este crooner divino cuya voz tiene todos los registros, habidos y por haber, para enamorar. The Divine Comedy es ese grupo irlandés que huele a indie—sí—pero diferente. Ese olor es una mezcla de madera y viento del norte; metales y cuerdas.  Neil Hannon es el hombre que lo hace todo en este proyecto y el que nos rompe con este temazo de 2004. ‘Our Mutual Friend’ (Nuestro amigo común) es una oda al amor que se apaga por el paso del tiempo, al sentimiento maduro de la desidia de la pareja y sus consecuencias. Una narración orquestada del inicio de una relación, su desarrollo y final, en brazos de otro. La instrumentación de la parte final es de las que hacen que vueles, que bailes, que llores sin consuelo cuando entiendes lo que tienes entre oreja y oreja.

cropped-lumiere-34.jpg

Imagen

Zahara: flotando entre Mecano y las melodías de ABBA

La expectación es brutal. Atendiendo a los tres adelantos (Hoy la bestia cena en casa, Multiverso y Guerra y Paz) puedo asegurar que este es el disco que más ganas tengo de escuchar en este 2018. ‘Astronauta’ será una realidad este próximo viernes, yo ya compré el vinilo firmado y estoy a la espera de que me llegue. Pero este viernes estoy convencido  de que me beberé, de un trago, este nuevo trabajo de la ubetense galáctica. ‘Guerra y Paz’ es el nuevo single, incluso se prevé videoclip para el que, la artista, ha pedido a sus fans vídeos protagonizados por ellos/as mismos/as. Dulce pájaro de juventud que pretende ser un collage/homenaje a los miles y miles de astronautas que flotan alrededor del universo Zahara. Imagino, claro.

zahara-guerra-y-paz

Sea como fuere, la canción, en la que colabora Santi Balmes, es una delicia de principio a fin. El deje Mecano es evidente en casi toda su discografía—y no por el timbre de su voz—Hay muchos matices que recuerdan al trío madrileño— en lo musical porque a nivel de lírica aquí la de los Cerros de Úbeda gana por goleada a la mayoría de letras de los Cano—Zahara es una poetisa salvaje. También colea muy mucho—en esos puentes instrumentales—el fantasma de Abba, o de Arcade Fire del Everything Now. 

En definitiva, en nada podremos incluir esta canción en la sección: ‘Canciones que me hacen llorar’ porque es una de las más bonitas que he escuchado este año.

cropped-lumiere-36.jpg

 

 

 

 

Imagen

‘Teatro Infinito’ de Second

Reconozco que no le presté la atención que se merece esta canción. Me ha costado tiempo escribir sobre ella, que no trabajo. La primera vez me dejó frío. La escuché en Radio 3, cuando Virginia Díaz la estrenaba, y no hubo flechazo inmediato como me había pasado con otras obras de los murcianos. Es más, no le di más oportunidades hasta hace tres días. En la soledad de mi cuarto, a oscuras, con una lista de Spotify en vena donde la había incluido y—primordial—, con los cascos. No he podido parar. Como esos enamoramientos que se cuecen lentos, sin pretensiones iniciales. Una canción que se incrusta como la cal en la pared. Resulta que Frutos canta, aquí, como Dios. Resulta que no me había percatado de la sutileza de los teclados, de la melodía de cadencia casi hipnótica, lenta y oscura; dulce y hacedora de lágrimas. Y ese punteo de guitarra de caos magnífico. El estribillo: ‘Y le haremos el amor al infinito…’ se queda para siempre en mí mismo y en la carrera, amplia y trabajada, de esta banda que brilla por su honradez, su directo y el cuidado para con su público. ‘Teatro Infinito’ es una pieza clave para ellos. Otra más…

El próximo viernes conoceremos el resto de esta nueva aventura, ‘Anillos y Raíces’.

No hay texto alternativo automático disponible.

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Chasing Cars’ de Snow Patrol

Nos pasamos la vida persiguiendo una quimera. Casi siempre nos quedamos en el camino. Quizás sea esa la fórmula de la verdadera felicidad, disfrutar de lo andando mientras se camina, pararse a contemplar, fijar la vista en algo, sin mirar a nada. No esperar nada…’Persiguiendo coches’ que no conducen a ningún sitio. ‘Chasing Cars’ fue el single que catapultó a la fama a este grupo de rock alternativo. Gracias a la providencia de aparecer en una serie de tanto éxito como ‘Anatomía de Grey’. Número uno en USA y muy cerca de la posición más alta en el Reino Unido, la canción es una catedral de emociones. Desde el punteo de guitarra inicial a la explosión épica del último tercio. De esas canciones que te pones, a todo volumen, cuando estas triste o cuando estás alegre porque vale para ambos estados de ánimo. A mí me daba por llorar, en su momento, porque no entendía la letra. La lírica la adaptaba yo a mis desvelos.

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘Fast Car’ de Tracy Chapman

¿Quien no ha soñado con coger un coche rápido, lo más raído y potente posible, y huir del mundo? Todos, en mayor o menor medida. ¿Quien conduce? ¿Quien es el copiloto? La cadencia de esta enorme canción, la melancolía de la acústica y esa voz de arena soplada fueron clave para los que quisimos huir en algún momento. ‘Fast Car’ de Tracy Chapman vino a revolucionar el panorama musical de 1988, cuando los muertos vivientes de La Movida aún sacaban pecho (sic), cuando el Acid Jazz comenzaba a dar sus primeros pasos así como los adelantados de la música indie o el Britpop. Finales de los 80, principio de los 90: un cambio de década que, musicalmente, se perdía buscando, precisamente, un nuevo camino.

Tracy Chapman es una cantautora rotunda. “Desnuda y vertical, pero ceñida a la línea de la tierra”, como declamaba el alumno de Machado, Dionisio Ridruejo. Este fue uno de sus dos grandes éxitos, ambos incluidos en ese primer álbum multiplatino y premiado hasta la saciedad.

Este fue el otro…

Una metáfora sobre la vida que anhelamos y que cuando conseguimos no nos llega a hacer felices del todo.

“Tienes un coche rápido,
yo quiero un billete a cualquier lugar,
quizás podamos hacer un trato,
quizás juntos podamos llegar a alguna parte,
cualquier lugar es mejor,
comenzando desde cero, no teniendo nada que perder,
quizás consigamos algo,
yo misma, no tengo nada que probar”.

cropped-lumiere-36.jpg

 

 

 

Imagen

Canciones que me hacen llorar: ‘No surprises’ de Radiohead

Con un corazón que está tan lleno como un vertedero. Así de contundente arrancaba esta obra maestra del rock alternativo. ‘No surprises’ era, musicalmente hablando, la parte más amable del álbum ‘Ok Computer’ de Radiohead. Musicalmente hablando. La parte lírica era/es tan angustiosa como el videoclip que acompaña la pieza. Thom Yorke acaba de entrar en la cincuentena, así que somos de la misma quinta. Pues me parece muy bien y aunque intente buscar paralelismos entre ambos seres (él y yo) creo que pocos voy a encontrar lejos de una melancolía crónica marcada, en muchos casos, por sus canciones.

Es el caso. ‘No surprises’ es una canción hastío, casi protesta. Yo la entendí como un canto al hartazgo de la gente que no es escuchada por los que, se supone, deben velar por nosotros y nuestros intereses. La vejez, el cansancio y querer llevar una vida tranquila, sin sorpresas.

No he vuelto a sentir nada parecido con el resto de su extensa discografía, a excepción de ‘Let Down’ pero en otro sentido totalmente opuesto. A pesar de ser un tema dedicado a la decepción aquí Yorke quería tener unas alas para poder volar y escapar del mundo. Ahí coincidíamos…

Y si de rizar el rizo se trata…

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: “Miel en la nevera” de Tino Casal

“Hago sombras chinas con las manos…” Si hay una canción que mejor refleje la soledad del que vuelve a casa, hasta las trancas, para refugiarse en el vacío más absoluto de un corazón hecho trizas, por la ausencia de la amada, esa es la que nos ocupa hoy. “Miel en la nevera” cerraba el álbum “Hielo Rojo” (1984) del asturiano más universal. Cara B (error) del single “Teatro de la oscuridad”. Podríamos decir que es una balada al uso, incluso perfecta para cantantes melódicos de la época como Miguel Gallardo o Juan Pardo. Pero en el imaginario de Casal la cosa cambia radicalmente. Los arreglos, siempre un paso por delante de los del resto de discos de aquellos años, la atmósfera que Tino creaba con su voz; saliva ardiendo como lava de volcán en cada estrofa. Un “sin amor, prefiero estar sin un amor” que se clavaba justo en la parte más baja de la garganta. La canción es un himno a la soledad, como decíamos arriba. Angustiosa. Neón que parpadea mientras buscas en la nevera algo con lo que paliar la ansiedad, el hambre de una noche de excesos químicos y sensoriales. Él nunca estuvo solo, al menos físicamente, sin embargo pudo haber tormentas internas, como las que todos tenemos alguna vez, que él pudo exorcizar vía canciones como esta. Otros no tenemos esa suerte…

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: “Drive” de REM

La primera vez que escuché esta canción me quedé muy frío. Congelado. Tras el enorme éxito de ´Losing my Religión´; tras ese himno de rock—casi religioso—con tan desgarrada letra y arreglos de cielo, nadie podía imaginar que una canción tan dificil, estructuralmente hablando, se iba a convertir en la carta de presentación de su siguiente disco. Pues sí. ‘Drive’ nos hizo atravesar la carretera de ‘Automatic for the People’, a la postre su álbum más aclamado.

Conducir, manejar la propia vida. Subirte o bajarte en cualquier estación, en cualquier calle. Atreverse a vivir. Así entendí la letra de esta canción tan gris, tan cenicienta, tan América profunda. Resulta que a base de escuchas fui profundizando en la canción hasta tal punto que se ha convertido en mi favorita de toda la carrera de la banda. Será por esas cuerdas, será por el videoclip, será por la voz de Stipe que aquí se mete el otoño entero en la garganta.  Preciosa pieza para una estación recién iniciada, aunque no lo parezca.

cropped-lumiere-36.jpg

 

Imagen

Canciones que me hacen llorar: “La Cena” de Esclarecidos

La melancolía perfecta mientras se prepara una cena entre amigos. Yo te quiero, pero tú no lo sabes. Secretos de estado emocional que se descubren sin demasiado zarandeo. Un amor que pasa, que se pierde entre cobardías varias, quizás. La voz de la Lliso es una de las más bonitas del mundo. Canta como hija de un dios menor, porque no tiene la potencia vocal de las grandes divas, gracias al cielo. Ella canta casi con angustia y tanto es así que parece que las palabras se le caen de los labios, doloridas. Y se estrellan contra el suelo. Esclarecidos fue (y será) una de esas bandas de culto que rebosan elegancia musical y una lírica al alcance de pocos. Es pura poesía y sus discos se cuentan por obras maestras. Pop, rock, folk, jazz…Esclarecidos. “La cena” pertenece a uno de sus elepés más completos, “Rojos” (GASA, 1991), ese que nos invitaba a arroparnos en el parador, en invierno, ese de la noche de hiedra y un tren azul cargado de emocionales personajes.

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: “Cena recalentada” de Golpes Bajos

Hoy en Canciones que me hacen llorar, una de adolescentes rebeldes, incomprendidos, sufridores de las cadenas paterno-materno-filiales que a los 15 años abrasan el cuello. Una de esas canciones que marcaban a toda una generación de jeans de la marca Lois con rodilleras, chupas vaqueras, con los cuellos vueltos hacia arriba, tabaco que se compraba “suelto”: por cigarros y no por paquetes, parques que eran bunkers para el amor joven y clandestino…”Para ti” de Paraíso, “Me voy de casa” de Mecano o esta “Cena Recalentada”, de unos vigueses en estado de gracia, podrían conformar la Santa Trinidad de la canción protesta juvenil de los primeros 80. Un single, que no fue, de su álbum “A Santa Compaña” de 1984. Más tarde sí que se le daría esa posibilidad como sencillo de aquel intento de retomar la magia en 1990 con el fallido elepé, “Vivo”.

Golpes_Bajos_A_Santa_Compaña

Parece que ahora también se recuperan, en la voz de Iván Ferreiro, parte de los éxitos del grupo de Germán Coppini. El 21 de septiembre ya se avanza la publicación de un álbum dedicado a Golpes Bajos bajo el título de esta canción que nos ocupa. Muy fino tiene que hilar su paisano si quiere acercarse, mínimamente, al clímax de la voz de Germán. Eso es algo imposible de conseguir. La voz de Coppini es una de las más características y personales de la historia de nuestra música. No solo las dotes vocales: la actitud, la presencia, el halo triste y desgarrado de su imagen, esa bellísima forma de interpretar las mejores letras del pop cantado en español…Acercarse ahí es harto complicado.

La canción me pilló en pleno descubrimiento. Aún estaba intentando saber el porqué de mi melancólica existencia granulosa y espigada. ¿Por qué estaba triste siempre? Más tarde lo averigüe y sonriendo, hoy, me caliento la cena fría feliz de haber sido testigo, en primera persona, de la publicación de estas maravillas.

cropped-lumiere-36.jpg

 

Imagen

Madonna cumple 60 años. Una canción suya me hizo llorar, sí.

Nunca he sido un incondicional de Madonna. Reconozco todo el mérito que tiene y que su nombre es lo más grande que ha dado la historia del pop. Que es y será una reina para siempre y que nadie le moja la oreja en la actualidad. Es sinónimo de moderno,  transgresión, de la inteligencia emocional y artística, es la calculadora: elegante, y a veces torpe. Es la artista de Michigan cuya carrera todas envidian. Sus decenas de aciertos: Vogue, Like a Prayer, Music, Like a Virgin, Borderline, Justify my love, Rain, Erótica, Frozen o esta “Oh Father” que nos ocupa podrían conformar  mi perfecto top 10 dentro del universo Madonna. Del resto de su discografía me quedó con poco, de hecho solo escucho los singles de sus último discos porque, prácticamente, no queda más remedio ante la magnánima maquinaria promocional que precede cada uno de sus lanzamientos. Emoción de Goma Eva, será. Desde luego nada que ver con lo que supuso para mí escuchar esta canción, o mejor, ver el vídeo que la acompaña. Es del 89, del cuarto álbum, el primero serio, “Like a Prayer”.  Fue un single menor para ella, comercialmente hablando, aunque presumimos que a nivel personal cerró con él uno de los estigmas que lucía en el vídeo de “Like a Prayer”. Canción y videoclip hablan, abiertamente, de maltrato infantil (parece que Madonna tuvo una buena relación  con su padre de niña, no así de adolescente. Así que no debería ser un tema autobiográfico, exactamente). Toxicidad, en cualquier caso, barroca y muy dramática con un final que no invita a la esperanza. El trabajo visual fue obra del realizador Adam Sexton (Buscando a Susan desesperadamente) quien no dudó nunca en admitir la enorme influencia que tuvo la película Ciudadano Kane en este videoclip. Llorar, se llora viéndolo. Puertas gigantes por las que es imposible escapar, perlas ensangrentadas…

cropped-lumiere-36.jpg

Imagen

Canciones que me hacen llorar: “Cut the World” de Antony and the Johnsons

Anohni. Ella es la culpable y la bandera de una rebeldía que quiere cortar el mundo. Antony fue su lado masculino, del que renegó por obra y gracia de sentirse libre, al fin. Inetiquetable. Hoy rescato de mis historias de las lágrimas esta canción tan concisa, tan rotunda, tan descarnada de la propia existencia; esa que quiere desobedecer lo establecido y a los/as que manejan sus hilos. “Cut The World” contiene fuego y acero, látigazos de voz, esa que muchos quieren emparentar con la de Nina Simone. Los vídeos son el carruaje perfecto para la huída. Rescatamos, del mismo modo, tres muestras de la poderosa fuerza musical y visual de esta canción. El videoclip oficial protagonizado por Willen Dafoe y Carice Von Houten (acá Melisandre) ya nos cortó el cuello. Lo mismo que la interpretación de la copla en el Teatro Real donde vemos todos los registros dramáticos de la voz de la cantante, todas las emociones que son capaces de disparar sus cuerdas vocales.