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Canciones que me hacen llorar: “El waltz de los locos” de Nacho Cano

Una pieza única para el mejor Nacho Cano en solitario. Su disco de debut fue toda una declaración de intenciones. Quería convertirse en el nuevo Mike Oldfield o mejor aún; en el nuevo Michael Newman. Ay! Dalai…El intento fue bueno pero el resultado comercial no estuvo a la altura de las expectativas, normal teniendo en cuenta que era un disco instrumental y de factura bastante difícil. Aún así, “Un mundo separado por el mismo dios” nos dejó muchos momentos estelares para los que amábamos el concepto instrumental de Mecano. Una de esas piezas con más fundamento en ese sentido fue este single: “El vals de los locos”. Violines llorosos para un tema que describe el día a día de personas con discapacidad psíquica o mejor dicho: personas con diferentes capacidades. Una orquesta arropa una de las melodías más bonitas que conozco del pequeño Cano a la que no le hace falta letra porque la instrumentación ya lo dice todo. No hay que tenerle miedo al diferente. Nadie sobra en esta orquesta. Feliz Día de la Música.

El vídeo está dirigido por la propia Penélope Cruz.

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David Bowie: “Una biografía” de Fran Ruiz y María Hesse

Escritor e ilustradora, Fran Ruíz y María Hesse, respectivamente, han hecho lo imposible: contar algo nuevo de la vida, obra y milagros del mito. Si es que quedaba algo que contar, que no. Pero lo han hecho de una manera tan deliciosa que los que hemos devorado biografías y biografías de este Duque Blanco, nos hemos visto sorprendidos con detalles inesperados. Esta biografía ilustrada navega entre la realidad y la ficción; entre el cielo y el suelo. Muy Bowie. Y es que el propio David, en primera persona, cuenta aquí su historia vital y extraterrestre: desde su nacimiento en Brixton hasta su morada actual: la órbita terrestre. Es un cuento, tal cual. Mágico texto para unas bellísimas ilustraciones con las que nos sumergimos en Ziggy Stardust—sobre todo en este personaje icónico para la estrella negra— y que fue sinónimo de modernidad, allá por los años 70 hasta nuestros días. El hombre que vino de las estrellas a mandar un mensaje, en forma de canciones, a una humanidad imposible ya.

Y lo más bonito de todo es que no caen en el chabacanismo del morbo sobre la vida secreta del artista. Su paso por las drogas o su ambigua sexualidad aquí se dibujan de una forma tan sutil que pasa desapercibida ante esos sentimientos hacia su familia o su estado de salud. Humanizar al alienígena. Ese es el logro y lo novedoso de este proyecto que publicaba recientemente Lumen. Preciosa obra, repito. Muy recomendable.

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Buisan & Javier León calientan la noche. ESTRENO

Estreno en exclusiva del nuevo videoclip para el combo argentino/español de música electrónica noventera, Buisan. Se trata del tercer single que se extrae de su álbum de debut, “Agente 99“. ¿Qué nos traen de nuevo—y de bueno— los chicos de RauFoto, realizadores del clip? Sexo, mentiras y neón.

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Colaboradores habituales del proyecto, en este caso nos dejan bucear por la oscuridad de una noche de encuentros; de luces y sombras, de sensualidad explícita, de bisexualidad buscada. Pinturas de guerra fluorescentes que provocan gemidos y que envuelven la voz del productor y cantante, Javier León que, junto a Mar Bermejo y José Mora, protagonizan este nuevo videoclip. El sonido no puede ser más años 90, cuando la electrónica aún era objeto de culto. De Nacho Cano a Jean Michel Jarre, pasando por  Depeche Mode o Erasure. Esos son los mimbres, ellos son BUISAN

Síguelos desde aquí: web BUISAN

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Una transición mágica para Presumido

“Esa no era yo” se anuncia como un single-puente entre lo que fue “Vendetta”, su notable disco de debut, y lo que está por venir. Por lo tanto una continuidad del buen gusto por el pop del sueño al que nos han enganchado los gallegos. Otro temarraco de épica incontestable en el estribillo y sutileza electrónica y algo oscura en sus estrofas. Todo aderezado de una sutil retranca lírica, marca de la casa. La pegada del estribillo es brutal y le da el contrapunto (inesperado en la primera escucha) que te saca del ensimismamiento. Presumido es de lo mejor que le ha pasado a la música patria en los últimos años. No conocemos nada que se le pueda comparar, el concepto es muy personal sin haber inventado nada. El trabajo vídeo-gráfico está cargado con esa misma ironía; una conversación por whatsapp, sin más

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Canciones que me hacen llorar: “Only you” de Yazoo (versión 2017)

“Todo lo que necesitaba era el amor que me dabas. Todo lo que necesitaba…solo tú”. La canción, compuesta por el genio Vince Clarke, fue concebida en un principio para sus Depeche Mode—que no quisieron grabarla—como una especie de despedida. Mal. O Bien…Alison Moyet, su compañera en el efímero proyecto Yazzo, fue la encargada de dar vida a este poso de melancolía electrónica. Nadie la iba a cantar como ella y nadie lo ha vuelto a hacer. Ni Enrique Iglesias, ni la Minogue, ni Selena Gómez. Nadie. Fue todo un éxito, desde el minuto uno de su publicación allá por el año 1982. Un hit rotundo, incontestable. Una balada de lágrimas en la que se le canta al amor perdido, al que fue, al que se recuerda. Si la versión original ya es todo un puñetazo en el pecho, la versión de 2017 se clava entera en el cerebro a base de arropar la voz de Alison con una orquestación superlativa. Con algún cambio tonal incluido “Only You” es aún más poderosa, más dramática, más propensa a ser llorada. Un año antes, Moyet fue invitada a participar en un desfile de moda (no sabemos cual ni le hemos prestado atención a ese aspecto) pero quizá fue ahí donde se gestó esta versión que hoy nos ocupa.

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Soleá Morente/Antonio Arias/Napoleón Solo

La magia tiene tres patas. Un taburete (no confundir con el engendro Barcenas) que se sostiene tan solido como cómodo para los que nos sentamos en él sin saber bien a lo que nos enfrentamos. El espectáculo ofrecido, el pasado miércoles en Úbeda, por Soleá, Antonio y los Napoleón Solo es todo un alarde de buen gusto. Una estructura maquinalmente perfecta, casi etérea. Porque se mezcla el rock al uso y de corte clásico con el flamenco, el pop, la música de baile y hasta el dream/flamenco/pop. Quizá el sonido, en algunos momentos, hizo que las voces no lucieran como es debido aunque eso no consiguió deslucir el momento. Comenzaba la noche el ex 091. Arias tiene las tabla, el temple y el repertorio suficiente como para hacer de sus seguidores una legión de melómanos que bien saben del peso de su figura en la historia de nuestra música. El nudo llegaba con la protagonista de la noche, Soleá que, acompañada por los Napoleón, supo desgranar, con gracia y poderío, un repertorio que comienza a ser enorme, a crecerse y a creerse algo más que un experimento indie flameco. Porque Soleá no canta, no. Soleá te petrifica con su voz, cual canto de sirena. Bellísimo registro que cabalgata entre la delicadeza del pop más moderno y el poderoso candor del flamenco. Ella es muy moderna, mucho y su espectáculo debería ser ejemplo de buen gusto, como decíamos al principio. No se la pierdan…

Fotografías de Diego J Sola.

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Reivindicando a The B-52´s

Serían innumerables las razones por las que reivindicar a esta inimitable banda de New Wave. Hace poco hablaba de ellos con un amigo con el que coincidía en varios aspectos: su maltrato histórico en el ámbito artístico; a su legado, a su manera de reinventar el pop, el rock e incluso el punk. Maltrato transformado en desmemoria hacia uno de los proyectos más originales de los que haya dado jamás Estados Unidos. Nacidos a mediados de los 70,s como sueño psicodélico de dos damas de la canción ligera: Cindy Wilson y Kate Pierson. Peinados como andamios, mucho colorido vocal, pose, solvencia instrumental y unas melodías únicas. Y  Fred Schneider, rapero, susurrante, performance, teclista…Una figura imprescindible.

¿Cómo olvidar a semejante rebaño? ¿Cómo dejar de pensar en un combo tan espectacular y cuya herencia sigue vacía?

Porque esto es inimitable:

Porque ellos eran modernos, más que nadie a finales de los 70 y principios de los 80. Aunque quizá, entonces, alguien los tachara, estéticamente, de horteras.

Pero qué equivocados estaban. Tanto es así que, repetimos, no han logrado crear escuela porque no hay quien sea capaz de hacer algo parecido y no parecer ridículo.

Tanto talento no podía pasar desapercibido y el éxito masivo llegó, estaba claro. Descomunal en 1989 con “Cosmic Thing“. Cómo se puede mezclar la comercialidad con la calidad y la elegancia y que ésta mezcla no chirríe, no canse, solo ellos lo saben. Para mí esta es su obra culmen:

Y su continuación en los 90.

Lo último tiene ya una década. Hoy llenarían festivales.

Un legado así no merece el olvido. Jamás. No lo podemos consentir. Es la B.S.O de nuestras vidas, al menos de la mía cuando ésta se vestía de colores.

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Hits que nunca lo fueron: “Peligro” de Peor Impossible

Recuerdo el impacto que me supuso verles por primera vez en televisión. Una parada de monstruos tan real como las 625 líneas. Postureo del fino y mucha cara, poco sentido del ridículo, en cualquier caso. Más pose que talento para unas canciones bailadas con abanicos. Mecanicamente. Todo muy de los 80,s. En 1984 tuvieron un éxito importante, casi un canción del verano con permiso de “Escuela de calor” de Radio Futura, “Desidia” de Objetivo Birmania o el “Like a Virgin” de Madonna. “Susurrando” fue un hit, este sí. Tan divertido, tan naif y tan exitoso que dio pie a la grabación de todo un álbum, “Passion” que se publicó en 1985 y que pasó con más pena que gloria. Ni el respaldo de Ariola, ni el concepto visual de Ouka Lele, ni las divertidas puestas en escena dieron más de sí que un par de singles y la transformación de la banda en otros proyectos como “Diabéticas aceleradas” o el relumbrón de una de sus componentes, Rossy de Palma, como actriz y modelo.  De su corta discografía rescatamos lo más ochentero y petardo: “Peligro” fue uno de esos singles imposibles de corte tecnopop españolizado y costumbrista. En España también hubo Nuevos Románticos con tocado y mantilla…

Aquí otras joyitas que pasaron desapercibidas.

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Canciones que me hacen llorar: “Faith” de The Cure

Tercer disco de la banda. Tercer nudo en la garganta. Cógeme si me caigo. El álbum es de 1981 aunque yo lo descubrí en el 87, cuando todo era negro y gris para mí. Si bien la oscuridad bailable de Depeche Mode, por aquel entonces en la cima de “Music for the Masses”, ya me tenía más que enganchado, fueron esas guitarras de ceniza las que me provocaron llantos desconsolados. Esa forma de tocar mirando al suelo. El negro de las ropas, el rojo de los labios y las uñas lacadas. Entonces lo entendía todo, la música me erizaba la piel a través de unos viejos cascos marca Sennheiser. Hoy me cuesta la vida misma volver a emocionarme así. No se hace ni mejor ni peor música, pero la edad—y su inocencia—tienen mucho que ver con el resultado final, el que te hace sentir la música de una manera u otra. La que tu hace subir y la que te entierra. En este caso, “Faith”—para mí una de las mejores composiciones de Robert Smith—tenía y tiene todos los ingredientes para ser de esas canciones que te clavan al suelo. Con un poso tan triste que no da respiro. Una intro largísima, pero necesaria, para dar paso al desgarrador documento en el que el bueno de Robert habla de espiritualidad, de fe y ¿devoción? De un ángel caído, derrotado por lágrimas de sangre. Tal y como está el panorama actual, de inquisición y mordaza, igual estos versos podrían haber provocado más de una quema de siniestros:

Viólame como un niño
Bautizado en sangre
Pintado como un santo desconocido
No queda nada salvo la esperanza

“Atrápame si me caigo
Estoy perdiendo el control
No puedo seguir de esta manera
Y cada vez que
Me aparto
Pierdo otro juego ciego
La idea de perfección me retiene
De repente veo que cambiaste
Y de repente
Todo esta igual
Pero la montaña nunca se mueve…”
“Tu voz está muerta y vieja
Y siempre vacía
Confía en mí los años que se acercan
Los momentos perfectos…”

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Rosalía de mi vida

Esto es brutal. Su voz, la producción (Guincho y Rosalía) y el videoclip de Canadá. La evolución lógica de la artista de moda en todo el mundo. Sí, de nivel estratosférico. La inversión de su compañía era de esperar y aquí dejan constancia de la apuesta por su mayor diamante. Se unen, se interiorizan los unos con los otros y el resultado es este temazo que avanza su nuevo proyecto, “El mal querer”. Cambio de registro; de ser considerada como “la nueva flamenca” a dar un paso de baile hacia el pop, la fusión, el R&B…el nuevo flamenco, sí. Es la chica de moda: la cantante y productora, que hay que reivindicar el papel de la mujer en este sector—como ella misma se preocupa en denunciar—.  Se avanza su colaboración con Pharrell Williams y Amaia de OT. 

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Por cierto ¿alguien más se acuerda hoy de Las Niñas de Alba Molina?

El videoclip tiene planos impagables como ese en el que vemos a un nazareno sobre un monopatín con clavos…

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Bisexualmente contradictorio

La canción es un hit—o debería serlo—. Un grito pop, con Alberto de Miss Caffeina muy en la senda de lo que vende actualmente. Colorín en la forma y desazón en el fondo. Música festivalera para una letra que habla de lejanías del corazón. Un quiero y no puedo. Pura contradicción que ahora tiene sus propias imágenes. El videoclip está dirigido por Mario Ruíz (Fangoria, Mago de Oz) y en el mismo nos adentramos en una de las salas más populares de Madrid, Sala Cool. El concepto es sencillo: fiesta, diversión, un pinchadiscos con la figura de Pepe Molina y mucha gente queriéndose o dejándose querer. Sin ambages, sin filtros, mucho morbo escenificado en una sexualidad sin limites que nos hace pensar en aquello de que todos somos bisexuales. “La Gran Esperanza Blanca”, título del primer trabajo de Molina Molina está a punto de salir al mercado, al menos así se anuncia. Esperemos que sea definitivo.

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Un océano para navegar con Goldfrapp y Dave Gahan

Es como una final soñada entre Roger Federer y Rafa Nadal. Una catarsis para los pura sangre de la electrónica de calidad absoluta. No han sido pocas la comparaciones entre Goldfrapp y Depeche Mode y a las pruebas nos remitimos porque esta nueva versión de “Ocean”, canción del último disco del dúo inglés, “Silver Eye” que ahora retoman en una edición de lujo— a publicar el próximo 6 de julio—con muchos extras, remixes y esta colaboración que nos deja babeando. Porque al bueno de Dave la canción le va al dedillo, su voz casa perfectamente con la de Alison en lo que podría ser la versión más atmosférica de un single de Despeche. De lo que adolecen los últimos trabajos del trío de Basildon.  Un acierto, por lo tanto, y un deseo: que Goldfrapp le meta mano a la producción del próximo disco de Depeche Mode. Ya es el segundo acercamiento directo a la banda y el resultado no puede ser más interesante.

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A Mecano no lo toca ni Dios

Siempre ha existido cierto temor, dicho por muchos músicos de este país, de “atacar” las canciones de Mecano; de hacer covers, de llevarse a terrenos distintos unas melodías y, sobre todo, una manera de cantar tan peculiar e inigualable—para algunos porque fue lo más y para otros tantos porque el timbre de Ana Torroja era insoportable—. Amados y odiados al 50%, en cualquier caso, lo que siempre se ha destacado del trío madrileño es que fueron únicos e irrepetibles, para bien y para mal. Y si echamos un vistazo a las hemerotecas vemos cómo muy pocos artistas se han atrevido a hacer suyas unas canciones tan icónicas. Sobre todo temas de la primera etapa de Mecano: la que va desde el primer elepé, “Mecano” hasta “Ya viene el sol”. A partir de ahí sí que hemos visto como grandes dinosaurios de nuestra música, léase Raphael o Monserrat Caballé, han ido destrozando composiciones como más melódicas y casi todas del hermano mayor, tipo “Hijo de la luna”, por poner un solo ejemplo. Pero de esa primera Y MARAVILLOSA etapa, poco y casi todo mal.  Vamos a recuperar alguno de esos momentos y una reciente joyita que nos dejan los chicos de Electronikboy.

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Precisamente iniciamos la compilación con dos versiones de una de las piezas más grandes de la discografía de los Cano y la Torroja. “Solo soy una persona” es tan mínima y tan explícita que enamoró a propios y extraños y a muchos modernos de la época, siendo una rareza relegada a cerrar un disco tan redondo como el de su debut. La letra, inspirada es Sartre, es tan sumamente ambigua y tan perfecta que sigue siendo una de las mejores muestras de una lírica que, a veces vergonzante, hizo de Mecano una seña de identidad.

Electronikboy se lleva la canción a su terreno con mucho acierto. Sin prejuicios, con bien de vocoder y un tempo muy bailable.

Pero como decimos muy pocos se han atrevido con esta canción, en concreto, sobre todo sus coetáneos ya que éstos odiaban a muerte el concepto pijo y prefabricado de Mecano.

Un valiente fue Fernando Márquez (El Zurdo). Tras su enorme e intelectual legado, vía La Mode, este moderno navegó por varios proyectos posteriores con más pena que gloria. Pop Decó fue una especie de resurgir en solitario cuyo principal atractivo era precisamente este.

Por aquí todo bien, pero poco más. Hubo un intento/homenaje/modernas de mierda, tras la sobreexposición y el atragante que tuvimos de Mecano en los primeros 2000, con reediciones, musicales, más reediciones, recopilatorios y mil cosas más. Todo el mundo parece que quería reivindicarles. Como si eso hiciera falta.  Y, ojo, se editó un disco tributo, de “gafapastas”, que ni se creían lo que estaban haciendo o lo hicieron medio en broma. Caso de Niños Mutantes con la versión de “Perdido en mi habitación”, a la postre una de las piezas de su repertorio más conocidas y que formó  parte del susodicho disco-homenaje “En tu fiesta me colé” de 2005. He llegado a aborrecer hasta la original…

De este álbum, lo más destacable, para mi gusto, fue esta versión de “No me enseñen la lección”. Cantada como quien sube a tender la ropa, pero vaya, muy con la época y la pose. La Costa Brava.

O esta respetable versión de “La máquina de vapor” a cargo de los míticos Australian Blonde. Fíjate que casi supera a la original. Y es que hay que reconocer que las primeras canciones de Mecano eran tan simples y popis que hoy en día vemos muchas sombras alargadas en otros tantos proyectos indies del momento.

En 2010 Sidonie se atreven con “Barco a Venus”. Sacrilegio máximo para una de las canciones más emblemáticas del trío. No quiero ni opinar porque me pongo malo. Valoren ustedes…

Mucho más digna fue esta revisión a cargo de la pizpireta Fey de su álbum de 2004, “La Fuerza del destino”. Producido por Carlos Jean recogía varios de los clásicos mecaneros con más o menos acierto.

Y del otro lado del charco también llegaron ellos, Moenia. Su “Ay qué pesado” sonaba así de bien en 2009.

No queremos aburrir, porque hay mil más. Pero os proponemos un juego con este último grupo. ¿A qué canción rinden homenaje en este “Corazón azulado”?

Y es que en Sudamérica siempre se les ha respetado mucho más, como a casi todos los artistas que lo han petado allí. Ellos tienen otra perspectiva de las cosas del artisteo y miman a sus ídolos. También tuvieron su disco homenaje. “Tributo a Ana, Jose y Nacho” se llamaba el invento y hay alguna cosa destacable

Para bien:

Y para…bueno no sé. Es curiosa esta versión de “Busco algo barato”

¿Son dignas las revisiones? El bueno de Miguel Bosé dijo en su día que nadie debería atreverse con semejante cometido, que eran canciones demasiado personales, demasiado grandes, como para atreverse con ellas y no morir de la vergüenza ajena. Porque de eso sabían mucho los Mecano, pero mucho, mucho. ¿Qué opináis?  ¿Quién o quiénes serían dignos, actualmente, de tan arriesgada atrocidad

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Canciones que me hacen llorar: “Come Undome” de Duran Duran

“No puedo creer que me estés rompiendo el corazón”

Terminar deshecho. Venirse abajo. No levantar el vuelo. Lo podéis traducir como queráis pero  el mensaje es claro. Conciso. Amar trae consigo una parte de derrota que nos deja sin energía. Y casi siempre es así. El camino recorrido va dejando huellas indelebles. Algunas pisadas profundas que no logran borrarse. Ni el polvo, ni la lluvia, ni la nieve consiguen hacer que olvides la parte negativa de una relación cuando ésta acaba. Pesan más las aristas—que cortan, que pinchan— que las piedras redondeadas y más transitables de la autovía del amor. Así, de esta manera he interpretado siempre esta canción de Duran Duran, perteneciente a su álbum de 1993, de título homónimo— conocido también como The Wedding Album—que les devolvió a los altares del éxito masivo gracias a esta pieza que nos ocupa. Impresionante y épico medio tiempo en el que Simón Le Bon se deja la garganta cantándole al desamor con la colaboración en los coros de Tessa Niles. 

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Paloma Chamorro: una historia de amor desesperada

Hay quién dice (los menos) que fue una periodista mediocre, un poco avispada pero nada más. Hay quién la encumbra estos días como la gran diva de la modernidad de nuestro país cuando éste empezaba a ver las cosas en tecnicolor. Antes de la mítica “La edad de oro” ella ya era moderna, ya hablaba de arte o de literatura. Programas, que yo no recuerdo sinceramente, como “Imágenes” o “Trazos” que solo se podían entender en una televisión que era única y sin pretensiones de audiencias que reportaran dividendos, vía publicidad, porque no había competencia.

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En los años 60 y 70 la tele era en blanco y negro. En mi casa no entró el color hasta el año 82 vía Telefunken  (que mi padre detestaba porque decía que en la tele en color no echaban los mismos programas que en la de blanco y negro). Solo de pensar en esas noches de cena/mesa camilla y en las frases sabias de mi padre se me saltan las lágrimas. Pero volvamos a Paloma Chamorro; apartada, olvidada, denunciada y hoy recuperada por obra y gracia de su desaparición de la parrilla de la vida. Y hay modernos de entonces que hoy se rasgan las vestiduras por su fallecimiento y hay modernas de mierda (de hoy), que nunca supieron de aquel ayer, y que también se rompen las uñas escribiendo cosas del tipo: “fue un icono de la modernez”, “su pelo era EL símbolo de La Movida”, “ella sí que sabía de música y de pintura y de cómics”, “gracias Paloma por enseñarme lo que es la vida”, “sin ti no habría sido nada”. A algunos me los creo, a otros les digo que se vayan un poquito a la mierda con tanta hipocresía y postureo en redes. Su “Edad de oro” fue un “programón” de mucho cuidado cuyos mimbres no sirvieron para volver a hacer, nunca jamás, algo parecido. PUNTO.

¿Dónde, y con quién, se han vuelto a ver esas entrevistas de barra de bar; fumadas, bebidas o puestas hasta las cejas?

¿Quién trataba, de tú a tú, a tan grandes artistas?

¿Quién era capaz de decir un: “qué pasado vas Nazario” y quedarse tan ancha?

¿Quién mezclaba, en un mismo programa todas las vanguardias, habidas y por haber, en cada una de sus disciplinas?

¿Quién fue capaz de mostrar a un crucificado con cabeza de cerdo que le costó que la tacharan y juzgaran por blasfema? Eran otros tiempos mejores, sin lugar a dudas. Hoy pienso la de veces que su trabajo se habría hecho viral de existir entonces las redes sociales, aunque hoy en día no tendría cabida tanta libertad de expresión y locura colectiva porque ni daría tiempo a digerir tanta cosa nueva y transgresora, más que nada porque no la hay. Antes de pensar en el porqué de las cosas serías flagelado en la plaza del pueblo del Twitter. Se hacían locuras que vistas hoy no tienen justificación, claro, como aquella frase imposible de “mi marido me pega” y un Millán travestido de mujer maltratada en un programa que veían millones y millones de personas. Salvo excepciones, como la mencionada, todo lo demás era luz; el resultado de haber vivido sometidos al gris durante décadas.

Yo la descubrí a los 14 años, en el 83, cuando se estrenó La Edad de Oro. Vi el primer programa y me quedé medio tocado. Desde su cabecera a la puesta en escena y, sobre todo, por esa caterva de seres tan extraños a los que yo me quería parecer desde ese mismo momento. Porque un año antes me había vuelto loco con el primer disco de Mecano y ya conocía, por radio y alguna aparición en televisión, a Los Pegamoides, Casal o Parálisis Permenente, pero fue con el programa de la Chamorro con el que aprendí a ser diferente. Ni moderno, ni postmoderno, palabras que no entendía en el 83, simplemente quería ser como ellos, vestir como ellos, bailar y cantar como ellas. En un pueblo pequeño y a tan tierna edad pocas vías de escape había, así que me tocaba lidiar con tormentas internas sin posibilidad alguna de exteriorizarlas. Llegó ella y comencé a recolocarme. A mi hermana le gustaban Pimpinela, Pedro Marín o Azul y Negro (y a la mayoría de mis amigos/as también) y yo babeaba con German Coppini, Eduardo Benavente o Ana Curra (Alaska nunca me dijo nada), con Aviador Dro, La Mode o con Danza Invisible.

Todos y cada uno de ellos pasaron por el programa, además de Lou Reed o The Smiths. Eso en la parte musical que era la única que me interesaba por entonces. Y lo viví todo en silencio porque no eran pocas las risas y las burlas cuando, en un ataque de locura, me daba por abrirme las carnes y hablar de mis gustos personales.

No pretendo que esta sea una carta de amor a una periodista a la que dejé de seguir una vez terminó el programa, en el año 1985. No recuerdo ni me he preocupado de indagar en su vida profesional posterior. No voy a ensalzar la figura de un icono de una Movida de la que reniegan sus propios “hacedores”. Más que nada porque entonces no entendía el concepto. Fue una etapa de mi vida con una edad en la que era habitual ir experimentado cambios…hormonales. Punto. Como soy muy dado a la nostalgia, al ver la noticia sobre su fallecimiento me vinieron todos esos recuerdos de golpe y me apetecía compartirlos.

Eso sí, jamás he vuelto a tener esa sensación de babeo, ilusión, apertura de mente (llámalo x) para con un artista (o concepto) nuevo y modernísimo, a la altura de entonces, hasta estos últimos meses…

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Hits que nunca lo fueron: “Isadora” de Azul y Negro

Mi primera cinta de casete fue “Digital” cuya mítica portada me hizo mella, tanta como el contenido. Era todo tan moderno que parecía imposible. Este álbum recopilatorio nace de la necesidad de mostrar al mundo, de forma más amplia algunos de los temas de sus dos primeros discos; “La edad de los colores” (81) y “La Noche” (82). Canciones remezcladas digitalmente, algo de lo que fueron pioneros.  Este elepé contenía momentos muy destacados como los súper hits: “Me estoy volviendo loco”, “No tengo tiempo (Con los dedos de una mano) o “The Night”. Números uno, sintonías de prestigio para la Vuelta Ciclista, superventas…Sin embargo los surcos de este trabajo nos trajeron muchas más fantasías. Delicadeza tecno-pop con proyección internacional. Desde “No controlo nada” a “Fu-man-chú” pasando por “La torre de Madrid” o “Catedral de sal”. En el álbum se daban la mano las canciones cantadas (o semi) con las instrumentales y es así donde radica el enorme mérito del proyecto de Carlos García Vaso y Joaquín Montoya. Por aquel entonces muy pocos se atrevían a comercializar con lo instrumental y muchos menos los que consiguieron hacerse un hueco en este sentido. Fuera de lo que nos hicieron sentir aquellas piezas magníficas: “Boda en Londres” o Dónde está el país de la hadas” de Mecano, poco más.  Y es que con Azul y Negro, por aquel entonces, todo era mágico: el estilismo tan arriesgado de Vaso en clara confrontación con un recatado Montoya. El platino y la plata de las cazadoras en contraposición de la barba y las corbatas. Y la música…Esa que nos invitaba a escuchar la cinta una y otra vez, de principio a fin, mejor con auriculares porque uno no se podía permitir el lujo de perderse cada detalle, cada nota, cada efecto.  Todo era catedralicio. La canción que más me impactó fue esta, “Isadora”, bellísima composición de pianos elegantes que chocaban directamente con el quiebre epiléptico del (imaginamos) estribillo instrumental.

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Azul y Negro fueron muy grandes e inspiración de adolescentes que ahora cumplimos los 50. Sí, muy grandes a pesar de Julián Ruíz.

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Cerezas amargas para Oso Miel Oso. Una de las mejores canciones del año

“Unimos nuestras cabezas, como huesos de cereza”. Calles por donde nunca pasa nadie. Intentarlo una y otra vez, si hace falta. Consignas que nos invitan a no despegar jamás de esa astenia primaveral que estos días nos entristece sobremanera. “Huesos de cereza” es el single que adelanta lo que se prevé como un LP y que a tenor de lo que nos encontramos nos hace pensar en algo importante.

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La parte más épico-melancólica de Pepe Molina toma forma en este proyecto que ataca, paralelamente, al pop de Molina Molina. Este hombre sabe escribir canciones, desde luego que sí, y busca producciones acorde con las circunstancias de una letra que rezuma un único sentimiento: ganas de seguir adelante. Y esa es la clave, no desfallecer ante un panorama tan extraño, musicalmente hablando. O estas tocado por la varita mágica del público, sin necesidad de compañía detrás, o tienes amigos en el sector, sobre todo radiofónico, o arriesgas pagando una pasta importante en promoción— que luego puede servir o no—o no pasa nada de esto y te vienes abajo porque ya no sabes por dónde tirar.  Es el síndrome del talento oculto. Y mira que hay talento por ahí, escondido.

“Huesos de Cereza” viene acompañada por la guitarrera “El Rayo Cósmico y La Vida Alegre. Lo podemos definir como Spanish-Pop en claro paralelismo con el Britpop que tantos buenos momentos nos dejó a principios de los 90. Si la primera desacelera el ritmo. el tempo, para dar luminosidad a una preciosa melodía, la segunda propuesta revienta guitarras alrededor de una base rítmica impecable, melodiosamente también extraordinaria. ¿A quienes nos recuerdan?

Escucha el single y dime qué ves…

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Top 10 de clásicos olvidados de los 80

Antes del dios Internet existió un tiempo en el que las canciones solo aparecían en discos de vinilo y casete y no había forma de reproducirlas a no ser que tuvieras un aparato al uso. Hubo un tiempo en el que para escuchar una novedad tenías que estar pegado a la radio casi las 24 horas del día, esperar a que el locutor/a anunciara esos nuevos lanzamientos y si el artista  era para ti devoción ir contando los días y las horas para que lo pincharan en “Los 40”, que fuera Disco Rojo, grabarlo (aunque lo caparan al principio y al final) y quemar la cinta de casete hasta tener el álbum completo, o single adelanto, en tus manos.  Sí, todo eso pasaba. La música se saboreaba a fuego lento, los elepés tenían una media de vida de un año, se publicaban singles cada tres meses y muchos de nosotros descubríamos a un artista al quinto sencillo de su Larga Duración.

Hoy nos retrotraemos a un tiempo que, en este sentido, sí que fue mejor. Ahora tenemos esa inmediatez, que es imprescindible, pero se ha perdido la magia. Algo que, estoy seguro, no entenderán nuestros lectores menores de veinte años.

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Centrándonos en la década prodigiosa del pop en español hoy vamos a sacar de la cómoda hasta diez canciones. Diez hits que no pudimos escuchar hasta que no tuvimos el álbum que los incluía en la mano. Nunca llegaron a ser single en promoción, o fueron recluidas en caras b, por lo que no sonaron como tales en la radio. No les hizo falta. Fueron esos diez  “NO singles” que también marcaron la trayectoria de los artistas que enumeremos a continuación. Pelotazos de tal calibre que se recuerdan tanto o más que algunos de los temas más promocionados de sus carreras.  ¿Estrategias equivocadas? ¿Promotores con poca visión comercial? ¿Habrían sido discos mucho más importantes si en vez de los singles promocionados se hubieran elegido antes estas canciones?

Discutamos pues…

En nuestro TOP 10: “MS20” de Betty Troupe (1983). Error garrafal dejar de lado este alegato a la modernidad en 1983. Llegaron desde Valencia con un maxi-single bajo el brazo que rompió moldes y lista de ventas. El trabajo estuvo comandado por “El vinilo”, un clásico extraño y rebuscado que puso todas las miradas en ellos,también las de Nacho Cano que produjo su primer y único lp, “Nuevos Héroes” (1984), que pasó totalmente desapercibido. La elección del single promocional de este elepé, “Reflejos”, no estuvo a la altura de las expectativas y con él se hundieron en el fango, así como ciertas desavenencias entre las chicas del grupo. Si hubieran elegido esta cara b, quizás habrían corrido otra suerte. De hecho es una de las dos únicas canciones que aún se recuerdan del sexteto.

TOP 9: “Laika” Mecano (1988). A estos no les hacía falta sacar más singles de aquel icónico “Descanso Dominical”. Fue tan mastodóntico el éxito de canciones como “Mujer contra mujer”, Los amantes” o “La fuerza del destino” que todo lo que hubiera alrededor de ellas tenía que pasar a la categoría de hit automáticamente. Sin embargo de aquellos “no single” quizá sea esta “Laika” una de las canciones más recordadas y más coreadas en sus conciertos.Cara b del primer single, “No hay marcha en Nueva York” que no aparecía en la versión vinilo, pero sí en la casete y el cd. Habría más canciones a reivindicar como “Quédate en Madrid” o “Héroes de la Antártida”.

TOP 8: “Fría y automática” Vídeo (1983). Aquí los de la compañía Zafiro supieron rectificar a tiempo viendo que la canción estaba muchos puntos por encima de lo que fue el contenido del primer álbum de los valencianos. “Videoterapia” es uno de esos discos imprescindibles para todo aquel buen entendido en música española tecno-pop ochentera. Vino precedido por el maxi-single, “La noche no es para mí”. Canción ésta que eclipsó a todos y, por ende, a su cara b en la que se incluía nuestra pieza protagonista y perfecta por sí misma. “Fría y automática” se convirtió en imprescindible dentro de su primer repertorio y fue elegida como tercer sencillo promocional tras “Víctimas del desamor”, aunque sólo se editó para radios, con una sola cara.  Maravillosa la producción de un inmenso Tino Casal del que hablaremos después.

TOP 7: “Eclipse total” La Unión (1984) Del primer álbum de Rafa y sus chicos se extrajeron hasta tres singles: “Lobo-hombre en París”, “Sildavia” y “Cabaret. El disco habría dado para mucho más de sí si atendemos a lo que desfilaba por su track-list. Canciones escondidas o “eclipsadas” por sus dos grandes éxitos y que quedaron en el olvido, para siempre. En este caso creo que poca gente recuerda la elegancia desgarradora de este “Eclipse total”, segundo corte de “Mil siluetas” al que le daba una digna continuidad después del extraño mazazo que suponía su apertura, la mencionada “Sildavia”. Un álbum al completo para reivindicar ya que contenía preciosas obras de arte como “La niebla”, “Voracidad” o “Mujer cosmopolita”, además de lo que ya hemos expuesto.

TOP 6: “Más dura será la caída” Gabinete Caligari (1984). Otro álbum icónico, publicado en el prolífico año 1984, fue este “Cuatro Rosas” de Gabinete Caligari. “Más dura será la caída” sirvió como cara b del single “Cuatro Rosas”, canción elegida para poner de largo este mini-lp cuyas seis canciones pasaron a la historia. En este caso considero un error dejar fuera de juego, a la primera de cambio, una canción tan absolutamente perfecta como esta, a favor de otros sencillos como “Haciendo el bobo” o “Caray” , siendo también grandes temazos, ojo. Es tan oscura y con una letra tan desasosegante que se quedó grabada en mi memoria para siempre desde la primera escucha. Reivindicada en su día por Fangoria y La Buena Vida.

TOP 5: “Quiero vivir en la ciudad” Mecano (1981). Ellos repiten porque creo que es el único grupo español cuyas canciones, incluidos descartes y caras b, se han convertido en clásicos. No todas, por supuesto, pero si hay alguien que no recuerde de aquella primera época piezas como “Súper ratón”, “La extraña posición” o “Este chico es una joya”, a la par que sus grandes hits, que levante la mano. Entre todas ellas destaca esta, sin duda. Con “Quiero vivir en la ciudad” se presentaban en sociedad los Cano y la Torroja. Canción reivindicativa y muy pegadiza que se escondía en la cara b de “Hoy no me puedo levantar” pero que se convirtió en un hit inmediato por el arrollador éxito del single. No fue incluida en el álbum “Mecano” (1982) y aún no acertamos a conocer las razones. Servidor la habría sustituido, perfectamente, por “No me enseñen la lección” del álbum debut.

TOP 4: “Un africano por la Gran Vía” Radio Futura (1984). Esta obra cumbre del pop nacional, de todos los tiempos, solo tuvo dos singles promocionales, pero ¡qué dos singles! Solo por esas dos canciones ya merecía la pena toda una carrera. “Escuela de calor” y “Semilla negra” pusieron en valor el giro que los Auserón dieron al concepto inicial de esta formación mítica. El disco publicado en ese año, “La ley del desierto, la ley del mar”, pasará a la historia por su originalidad y mescolanza de estilos, pioneros del mestizaje musical patrio, con una sonoridad tan contundente  como limpia y unas letras maduras y poco habituales en el devenir del pop de aquella época. Podríamos haber elegido alguna que otra pieza más, desde “Historia de Play-Back” a “La ley”, pero fue este “Un africano por la Gran Vía” la que sobrevivió mejor a los dos grandes éxitos mencionados. Como nota curiosa ¿sabías que “Semilla negra” fue una canción escrita, originalmente, para  Miguel Bosé?

TOP 3: “El eterno femenino” La Mode” (1982). De clásico en clásico. No es para menos ya que hemos citado tres de los discos más importantes de la música pop española. “El eterno femenino” fue un álbum conceptual cuya esencia principal giraba alrededor de la mujer de la época; “Aquella chica”, “Mi dulce Geisha” “Aquella canción de Roxy” o “Cita en Hawaii” fueron éxitos rotundos sin necesidad de promoción superlativa. El elepé desembocaba en el tema que cierra todo este trabajo y que le daba título. “El eterno femenino” es en sí una obra maestra de la producción y la lírica. Sin los excesos que después hicieron de Fernándo Márquez el pelele cultural y olvidado que es hoy. Los teclados del inicio son tan reconocibles, hoy en día, que parece que no hayan pasado 34 años por ellos.

TOP 2: “Miel en la nevera” Tino Casal (1984).  “Hielo Rojo” fue la obra más importante del barroquismo musical patrio (lejos de lo que fue destrozando Nacho Cano a su paso) pero para mi gusto uno de los discos, en su conjunto, más flojos del grandioso Casal. En cualquier caso tuvo su repercusión tras el difícil legado de su predecesor, “Etiqueta Negra”, con hits de la talla de “Embrujada” o “Póker para un perdedor”. “Hielo Rojo” fue un éxito gracias a temas como “Pánico en el Edén” o “Bailar hasta morir”, sin embargo el álbum cojeaba al incluir demasiado relleno (“Muñecas”, “Loco suicida” o la misma “Hielo rojo”). No es el caso de este temazo indiscutible que fue relegado al cierre del elepé y olvidado, casi por completo, hasta las reediciones/homenaje de 2003. Desde entonces “Miel en la nevera” comenzó a catalogarse como imprescindible en la discografía del asturiano elevando su calidad sonora y lírica a la categoría de clásico. Quizá deberían haberlo visto en su momento para relanzar las ventas de este tercer disco y sustituir las más flojas apuestas, “Teatro de la oscuridad”, por ejemplo.

TOP 1: “Deseo carnal” Alaska y Dinarama (1984). No abandonamos el “año Orwell”. También fue el año elegido para publicar otro de los trabajos imprescindibles en la carrera de Olvidito y Nacho, tal vez su único disco (casi) completo imprescindible. No hubo, ni habrá, otro elepé que promocione tres singles como los que despachó “Deseo Carnal”. Pero a “Cómo pudiste hacerme esto a mí”, “Ni tú ni nadie” y “Un hombre de verdad” se le podían haber unido otros mega hits; desde el segundo corte del álbum, “Isis”, a la maravillosa y perfecta “Falsas costumbres” y, sobre todo, la canción que le daba título a la “obra maestra”, “Deseo Carnal”. Un bolero tan enorme en su factura musical, atreviéndose a plantar cara al modernerío de la época, como en su planteamiento lírico. Nunca tan pocas palabras en una letra han dicho tanto. Para mí el momento cumbre Berlanga/Canut.

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La mejor canción de Vetusta Morla ya tiene su “olvidable” videoclip

Directa al corazón. “Consejo de Sabios” nos conquistó desde la primera escucha. Tanto es así que ya augurábamos que iba a ser una de las canciones imprescindibles de la carrera de los de Tres Cantos. AQUÍ LO DIJIMOS

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Así que más pronto que tarde este temazo tenía que ser el tercer single de “Mismo sitio, distinto lugar”. Ahora se presenta el vídeo que acompaña la épica lírica y musical del tema. Sin embargo este trabajo, rodado en México, nos chirría de sobremanera. Y es que tanto neón futurista, arropando a una extraña criatura que no sabemos bien donde nos lleva, nos ha dejado fríos. También nos queda claro que lo de estos chicos es la música, hacer canciones y tocarlas en directo. Los vídeos, a excepción de “Te lo digo a ti”, dirigido por Nacho Vigalondo, son otra cosa…

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Buisan estrena versión en inglés de “La Sangre”

El dúo (trío) argentino acaba de estrenar la versión en inglés de su último single, “La Sangre”. Extraído de su primer trabajo que bajo el título de “Agente 99” recopila una serie de canciones escritas en los años 90 y que se han traído a nuestro tiempo por obra y gracia de una máquina del tiempo llamada Javier León, productor y cantante. “The Blood” se presenta en dos versiones que puedes escuchar en las plataformas digitales y el videoclip original de la versión en español pero ahora cantado en inglés. Vídeo dirigido por RauFoto y protagonizado por Javier León y Josh Sánchez.

El single “The Blood” se extrae de un próximo EP, en ingles, llamado “ONE”. Este trabajo forma parte de una trilogía que abarca veinticinco años de canciones que hasta hoy nunca habían visto la luz. “ONE” suena deliberadamente a los años noventa ya que la mayoría de sus canciones fueron compuestas en esa época. La propuesta es rescatar el sonido original de aquellas viejas maquetas grabadas en Buenos Aires.

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Hits que nunca lo fueron: “Más dura será la caída” de Gabinete Caligari

Ahora que hemos vuelto a hablar de ellos, LIBRO DE EDI CLAVO, que por obra y gracia de un aniversario el disco, “Camino Soria” ha vuelto a la lista de superventas, creo que es el momento para reivindicar, a las nuevas  generaciones, uno de esos temazos que completan una de las carreras más importantes de los primeros 80. Tras “La culpa fue del cha,cha,cha” solo vemos a Millán de Martes y Trece. Antes de todo eso y de su declive posterior, los Gabinete ya habían factura algunas de las mejores canciones patrias de todos los tiempos. Su mini elepé, “Cuatro Rosas”, es uno de los discos más maravillosos y completos de la historia de nuestra música ligera. Los singles—Cuatro Rosas, Caray y Haciendo el bobo—no mostraron al gran público lo mejor de esa joya. Las otras tres piezas que quedaron relegadas a caras b, como Tango y esta que nos ocupa, Más dura será la caída, competían directamente, e incluso superaban la calidad de las canciones más promocionadas. “Más dura será la caída” fue el lado b del single “Cuatro Rosas” en 1984. Normal que se eclipsara todo ante tal alarde de buen gusto, pero dejar pasar esta catedral musical no tiene perdón.

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Su sonido es perfecto. Los arreglos arrebatadores, el casticismo ilustrado, la soberbia elegante que acompañaba una letra explícita y que, hoy, sería carne de cañón machista en ese patio de vecinas llamado Twitter.

Sea como fuere la canción sigue vigente en el imaginario del moderno de mediana edad, que lo reivindica (mos) mucho antes de que Alaska la destrozara en 2005 junto a la Buena Vida.

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Nos Miran desde La Montaña del Amor

El nuevo single para el debut de este dúo pop. “Humo” fue la presentación de un mini-LP, auspiciado por Elefant Records, que bebe de sus fuentes más directas. Sonido 100% elefante que refresca esta primavera tan atípica. “La montaña del Amor”  es un medio tiempo mucho más cercano a conceptos tan conocidos como el de La Bien Querida donde prevalece la melodía cantada con voz Jeanette y la melancolía propia, aunque colorísta, de este tipo de proyectos tan bien engranados. Atrás queda el pseudo italodisco del primer single, lo que nos lleva a pensar que “Nos Miran” navegan bien entre diversos estilos y que su madurez artística se prevé muy interesante.

Director, Antonio Máiquez

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Para volver a bailar con estilo. Nimmo-Too Late

El pop danzable está de enhorabuena. Este dúo londinense que huye de parafernalia para mostrase así, sin maquillaje y con una única dirección encaminada a ofrecer el mejor electropop posible con tintes soul, R&B o house. No olvidan la cultura de club y tampoco esconden sus referencias a aquellos Everything but the Girl  de 1994. Su compromiso LGTB, su estética naif y unas voces negras como el alma hacen de este proyecto todo un descubrimiento, para quien escribe. Acaban de publicar un nuevo sencillo, “Too Late”, que supone su regreso a escena después de haber desaparecido tras dos años de la publicación de sus primeros singles. Canciones emocionantes que vienen a demostrar que se puede bailar sintiendo, emocionándose con lo que se canta. La reivindicación está clara y parece que la moda de esa cultura de club, que mencionábamos antes, del jungle al drum n bass, vuelve para quedarse.

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Hits que nunca lo fueron: “Caballo” de Trepàt

Hay tanto de Parálisis Permanente en este grupo granadino…Hay tantas claves oscuras que me hicieron volver a enamorarme de un concepto sin tener que echar mano al sempiterno pasado ochentero, como siempre vaya. Que adoro la parte más oscura de La Movida no es algo nuevo, sin embargo no es fácil encontrar esa semilla en los grupos más o menos actuales. Reminiscencias muchas: desde Second a Sidonie—que no son precisamente novatos—hacia esa oscuridad no impostada que, en estos casos, ha derivado hacia el pop mucho más colorista y festivalero. El Indie patrio no recuerda a Benavente, ni a los primeros Gabinete Caligari. Este grupazo sí. “Caballo” es la mejor muestra de ello, no solo una ya que su corta discografía está plagada de canciones así de contundentes cuya negrura nos lleva directamente a emparentarlos con los de Ana Curra. Estoy expectante por escuchar algo nuevo, mientras se van haciendo grandes poco a poco gracias a hits (que sí que lo son) como “Tortura en los bares” o !Ruperto, sal a bailar! Las guitarras, eléctricas y acústicas, una base rítmica muy contundente que entronca muy mucho con la voz rasgada, de giro afilado, del cantante.  El álbum, “El amor está en la tierra” debería haber tenido mucha más trascendencia entre el modernerío actual y los amantes del más añejo. Y me da que van a ser muy grandes. Canciones así no pueden pasar desapercibidas…otra vez.

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Hits que nunca lo fueron: “Falsas costumbres” de Alaska y Dinarama

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? Eso digo yo. ¿Cómo pude llorar tanto una canción…?¿Cómo pudo pasar desapercibida una obra maestra como la que hoy nos ocupa? Respuestas fáciles para preguntas complicadas. “Falsas costumbres” fue, para mí, la canción de “Deseo Carnal“: el single que no fue, la muestra irrefutable del talento máximo del tándem Berlanga-Canut. El mejor estribillo de la época. El desamor hecho estrofas y un final orquestado digno de la mejor B.S.O de una película de Ingmar Bergman. Todo el álbum es un film; desde la primera a la última nota. Ejemplo de que la calidad no estaba reñida con el éxito masivo. 1984/85 fueron los años del encumbramiento de este trío que nadaba sin guardar la ropa; con tanto amor como desamor, entre sí. La falta de prejuicios en la mochila, algo que siempre han llevado por bandera—con mayor o menor acierto— los tres protagonistas de esta obra de arte. Philadephia en el subconsciente y en los arreglos de cuerda y viento. El bolero, la canción ligera, el funky y el baladón siniestro se daban la mano sin ningún tipo de desfase. Nada chirriaba. Por obra y gracia de dos canciones tan mastodónticas: “Cómo pudiste hacerme esto a mí” y “Ni tú ni nadie”, el resto de piezas quedaron eclipsadas. Podrían haber sido single desde “Isis” a “Deseo Carnal” y, por supuesto, estas “Falsas costumbres”, una balada al uso con un inicio demoledor: “Mientras tanto seguía pensando en el tiempo perdido en pensar en el tiempo que pierdo/Resultó ser un juego inocente que atrapa al que gana y destruye al que pierde/ No vuelvas hoy, no vuelvas más…” Pero no, eligieron como tercer sencillo aquel, “Un hombre de verdad” que siguió la estela del éxito siendo, para un servidor, la canción más prescindible del disco sobre todo si atendemos a ese intento de falsete de Alaska que se metía en el cerebro como el sonido de rasgar el cristal.

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