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Canciones que me hacen llorar: “Me odio cuando miento” de Fangoria

“Una temporada en el infierno” (Subterfuge Records) es EL DISCO de Fangoria. Publicado en el año mágico de 1999 para los que fuimos fan de aquella serie de televisión (Espacio 1999) de finales de los 70. El álbum más completo y desgarrador del dúo. El que nos hizo enamorarnos del concepto de Alaska y Canut. Alabado por critica y público como uno de los mejores trabajos de la historia de nuestra música ligera. Después vinieron otras canciones maravillosas, pero no un elepé tan completo. La elegancia hecha pop electrónico. Música moderna reivindicada y copiada hasta la saciedad. Su momento álgido, su “Deseo Carnal”,  en el que la lírica aún no empezaba a dar muestras de cansancio y repetición en el imaginario de Fangoria. Y este «Me odio cuando miento» es una buena muestra de ello. La letra…”nos despedimos despacio, para alargar el momento. Siendo prudentes, por no decir cobardes (…)” Una canción interpretada por un/a cobarde. Estaba claro. El orgullo voraz que engulle las relaciones para después escupirlas. Una canción para cobardes…sí. Una bestia negra para los que sentimos algo parecido en nuestra propia piel. Por eso, cuando Alaska-Spunky cantan aquello de: “Y ahora me arrepiento, de no haber sabido aprovechar el momento y siento haber oído mi voz diciendo que no importa nada,  que son cosas de la vida, que algún día lo olvidaríamos los dos…me odio cuando miento” uno no puede dejar de emocionarse ante tan apabullante máquina de lamentos, de esos engranajes creados para poner las cosas en su sitio. Una composición de Luis Prosper, mito viviente de la movida electrónica patria, quien comparte créditos con los protagonistas, no sé hasta qué punto éstos últimos tuvieron que ver en la autoría final. Sea como fuere, gracias señor Prosper por haber provocado tanto llanto con semejante obra maestra. Una producción de Carlos Jean, también en estado de gracia.

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Top 10 de clásicos olvidados de los 80

Antes del dios Internet existió un tiempo en el que las canciones solo aparecían en discos de vinilo y casete y no había forma de reproducirlas a no ser que tuvieras un aparato al uso. Hubo un tiempo en el que para escuchar una novedad tenías que estar pegado a la radio casi las 24 horas del día, esperar a que el locutor/a anunciara esos nuevos lanzamientos y si el artista  era para ti devoción ir contando los días y las horas para que lo pincharan en “Los 40”, que fuera Disco Rojo, grabarlo (aunque lo caparan al principio y al final) y quemar la cinta de casete hasta tener el álbum completo, o single adelanto, en tus manos.  Sí, todo eso pasaba. La música se saboreaba a fuego lento, los elepés tenían una media de vida de un año, se publicaban singles cada tres meses y muchos de nosotros descubríamos a un artista al quinto sencillo de su Larga Duración.

Hoy nos retrotraemos a un tiempo que, en este sentido, sí que fue mejor. Ahora tenemos esa inmediatez, que es imprescindible, pero se ha perdido la magia. Algo que, estoy seguro, no entenderán nuestros lectores menores de veinte años.

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Centrándonos en la década prodigiosa del pop en español hoy vamos a sacar de la cómoda hasta diez canciones. Diez hits que no pudimos escuchar hasta que no tuvimos el álbum que los incluía en la mano. Nunca llegaron a ser single en promoción, o fueron recluidas en caras b, por lo que no sonaron como tales en la radio. No les hizo falta. Fueron esos diez  “NO singles” que también marcaron la trayectoria de los artistas que enumeremos a continuación. Pelotazos de tal calibre que se recuerdan tanto o más que algunos de los temas más promocionados de sus carreras.  ¿Estrategias equivocadas? ¿Promotores con poca visión comercial? ¿Habrían sido discos mucho más importantes si en vez de los singles promocionados se hubieran elegido antes estas canciones?

Discutamos pues…

En nuestro TOP 10: “MS20” de Betty Troupe (1983). Error garrafal dejar de lado este alegato a la modernidad en 1983. Llegaron desde Valencia con un maxi-single bajo el brazo que rompió moldes y lista de ventas. El trabajo estuvo comandado por “El vinilo”, un clásico extraño y rebuscado que puso todas las miradas en ellos,también las de Nacho Cano que produjo su primer y único lp, “Nuevos Héroes” (1984), que pasó totalmente desapercibido. La elección del single promocional de este elepé, “Reflejos”, no estuvo a la altura de las expectativas y con él se hundieron en el fango, así como ciertas desavenencias entre las chicas del grupo. Si hubieran elegido esta cara b, quizás habrían corrido otra suerte. De hecho es una de las dos únicas canciones que aún se recuerdan del sexteto.

TOP 9: “Laika” Mecano (1988). A estos no les hacía falta sacar más singles de aquel icónico “Descanso Dominical”. Fue tan mastodóntico el éxito de canciones como “Mujer contra mujer”, Los amantes” o “La fuerza del destino” que todo lo que hubiera alrededor de ellas tenía que pasar a la categoría de hit automáticamente. Sin embargo de aquellos “no single” quizá sea esta “Laika” una de las canciones más recordadas y más coreadas en sus conciertos.Cara b del primer single, “No hay marcha en Nueva York” que no aparecía en la versión vinilo, pero sí en la casete y el cd. Habría más canciones a reivindicar como “Quédate en Madrid” o “Héroes de la Antártida”.

TOP 8: “Fría y automática” Vídeo (1983). Aquí los de la compañía Zafiro supieron rectificar a tiempo viendo que la canción estaba muchos puntos por encima de lo que fue el contenido del primer álbum de los valencianos. “Videoterapia” es uno de esos discos imprescindibles para todo aquel buen entendido en música española tecno-pop ochentera. Vino precedido por el maxi-single, “La noche no es para mí”. Canción ésta que eclipsó a todos y, por ende, a su cara b en la que se incluía nuestra pieza protagonista y perfecta por sí misma. “Fría y automática” se convirtió en imprescindible dentro de su primer repertorio y fue elegida como tercer sencillo promocional tras “Víctimas del desamor”, aunque sólo se editó para radios, con una sola cara.  Maravillosa la producción de un inmenso Tino Casal del que hablaremos después.

TOP 7: “Eclipse total” La Unión (1984) Del primer álbum de Rafa y sus chicos se extrajeron hasta tres singles: “Lobo-hombre en París”, “Sildavia” y “Cabaret. El disco habría dado para mucho más de sí si atendemos a lo que desfilaba por su track-list. Canciones escondidas o “eclipsadas” por sus dos grandes éxitos y que quedaron en el olvido, para siempre. En este caso creo que poca gente recuerda la elegancia desgarradora de este “Eclipse total”, segundo corte de “Mil siluetas” al que le daba una digna continuidad después del extraño mazazo que suponía su apertura, la mencionada “Sildavia”. Un álbum al completo para reivindicar ya que contenía preciosas obras de arte como “La niebla”, “Voracidad” o “Mujer cosmopolita”, además de lo que ya hemos expuesto.

TOP 6: “Más dura será la caída” Gabinete Caligari (1984). Otro álbum icónico, publicado en el prolífico año 1984, fue este “Cuatro Rosas” de Gabinete Caligari. “Más dura será la caída” sirvió como cara b del single “Cuatro Rosas”, canción elegida para poner de largo este mini-lp cuyas seis canciones pasaron a la historia. En este caso considero un error dejar fuera de juego, a la primera de cambio, una canción tan absolutamente perfecta como esta, a favor de otros sencillos como “Haciendo el bobo” o “Caray” , siendo también grandes temazos, ojo. Es tan oscura y con una letra tan desasosegante que se quedó grabada en mi memoria para siempre desde la primera escucha. Reivindicada en su día por Fangoria y La Buena Vida.

TOP 5: “Quiero vivir en la ciudad” Mecano (1981). Ellos repiten porque creo que es el único grupo español cuyas canciones, incluidos descartes y caras b, se han convertido en clásicos. No todas, por supuesto, pero si hay alguien que no recuerde de aquella primera época piezas como “Súper ratón”, “La extraña posición” o “Este chico es una joya”, a la par que sus grandes hits, que levante la mano. Entre todas ellas destaca esta, sin duda. Con “Quiero vivir en la ciudad” se presentaban en sociedad los Cano y la Torroja. Canción reivindicativa y muy pegadiza que se escondía en la cara b de “Hoy no me puedo levantar” pero que se convirtió en un hit inmediato por el arrollador éxito del single. No fue incluida en el álbum “Mecano” (1982) y aún no acertamos a conocer las razones. Servidor la habría sustituido, perfectamente, por “No me enseñen la lección” del álbum debut.

TOP 4: “Un africano por la Gran Vía” Radio Futura (1984). Esta obra cumbre del pop nacional, de todos los tiempos, solo tuvo dos singles promocionales, pero ¡qué dos singles! Solo por esas dos canciones ya merecía la pena toda una carrera. “Escuela de calor” y “Semilla negra” pusieron en valor el giro que los Auserón dieron al concepto inicial de esta formación mítica. El disco publicado en ese año, “La ley del desierto, la ley del mar”, pasará a la historia por su originalidad y mescolanza de estilos, pioneros del mestizaje musical patrio, con una sonoridad tan contundente  como limpia y unas letras maduras y poco habituales en el devenir del pop de aquella época. Podríamos haber elegido alguna que otra pieza más, desde “Historia de Play-Back” a “La ley”, pero fue este “Un africano por la Gran Vía” la que sobrevivió mejor a los dos grandes éxitos mencionados. Como nota curiosa ¿sabías que “Semilla negra” fue una canción escrita, originalmente, para  Miguel Bosé?

TOP 3: “El eterno femenino” La Mode” (1982). De clásico en clásico. No es para menos ya que hemos citado tres de los discos más importantes de la música pop española. “El eterno femenino” fue un álbum conceptual cuya esencia principal giraba alrededor de la mujer de la época; “Aquella chica”, “Mi dulce Geisha” “Aquella canción de Roxy” o “Cita en Hawaii” fueron éxitos rotundos sin necesidad de promoción superlativa. El elepé desembocaba en el tema que cierra todo este trabajo y que le daba título. “El eterno femenino” es en sí una obra maestra de la producción y la lírica. Sin los excesos que después hicieron de Fernándo Márquez el pelele cultural y olvidado que es hoy. Los teclados del inicio son tan reconocibles, hoy en día, que parece que no hayan pasado 34 años por ellos.

TOP 2: “Miel en la nevera” Tino Casal (1984).  “Hielo Rojo” fue la obra más importante del barroquismo musical patrio (lejos de lo que fue destrozando Nacho Cano a su paso) pero para mi gusto uno de los discos, en su conjunto, más flojos del grandioso Casal. En cualquier caso tuvo su repercusión tras el difícil legado de su predecesor, “Etiqueta Negra”, con hits de la talla de “Embrujada” o “Póker para un perdedor”. “Hielo Rojo” fue un éxito gracias a temas como “Pánico en el Edén” o “Bailar hasta morir”, sin embargo el álbum cojeaba al incluir demasiado relleno (“Muñecas”, “Loco suicida” o la misma “Hielo rojo”). No es el caso de este temazo indiscutible que fue relegado al cierre del elepé y olvidado, casi por completo, hasta las reediciones/homenaje de 2003. Desde entonces “Miel en la nevera” comenzó a catalogarse como imprescindible en la discografía del asturiano elevando su calidad sonora y lírica a la categoría de clásico. Quizá deberían haberlo visto en su momento para relanzar las ventas de este tercer disco y sustituir las más flojas apuestas, “Teatro de la oscuridad”, por ejemplo.

TOP 1: “Deseo carnal” Alaska y Dinarama (1984). No abandonamos el “año Orwell”. También fue el año elegido para publicar otro de los trabajos imprescindibles en la carrera de Olvidito y Nacho, tal vez su único disco (casi) completo imprescindible. No hubo, ni habrá, otro elepé que promocione tres singles como los que despachó “Deseo Carnal”. Pero a “Cómo pudiste hacerme esto a mí”, “Ni tú ni nadie” y “Un hombre de verdad” se le podían haber unido otros mega hits; desde el segundo corte del álbum, “Isis”, a la maravillosa y perfecta “Falsas costumbres” y, sobre todo, la canción que le daba título a la “obra maestra”, “Deseo Carnal”. Un bolero tan enorme en su factura musical, atreviéndose a plantar cara al modernerío de la época, como en su planteamiento lírico. Nunca tan pocas palabras en una letra han dicho tanto. Para mí el momento cumbre Berlanga/Canut.

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Hits que nunca lo fueron: “Falsas costumbres” de Alaska y Dinarama

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? Eso digo yo. ¿Cómo pude llorar tanto una canción…?¿Cómo pudo pasar desapercibida una obra maestra como la que hoy nos ocupa? Respuestas fáciles para preguntas complicadas. “Falsas costumbres” fue, para mí, la canción de “Deseo Carnal“: el single que no fue, la muestra irrefutable del talento máximo del tándem Berlanga-Canut. El mejor estribillo de la época. El desamor hecho estrofas y un final orquestado digno de la mejor B.S.O de una película de Ingmar Bergman. Todo el álbum es un film; desde la primera a la última nota. Ejemplo de que la calidad no estaba reñida con el éxito masivo. 1984/85 fueron los años del encumbramiento de este trío que nadaba sin guardar la ropa; con tanto amor como desamor, entre sí. La falta de prejuicios en la mochila, algo que siempre han llevado por bandera—con mayor o menor acierto— los tres protagonistas de esta obra de arte. Philadephia en el subconsciente y en los arreglos de cuerda y viento. El bolero, la canción ligera, el funky y el baladón siniestro se daban la mano sin ningún tipo de desfase. Nada chirriaba. Por obra y gracia de dos canciones tan mastodónticas: “Cómo pudiste hacerme esto a mí” y “Ni tú ni nadie”, el resto de piezas quedaron eclipsadas. Podrían haber sido single desde “Isis” a “Deseo Carnal” y, por supuesto, estas “Falsas costumbres”, una balada al uso con un inicio demoledor: “Mientras tanto seguía pensando en el tiempo perdido en pensar en el tiempo que pierdo/Resultó ser un juego inocente que atrapa al que gana y destruye al que pierde/ No vuelvas hoy, no vuelvas más…” Pero no, eligieron como tercer sencillo aquel, “Un hombre de verdad” que siguió la estela del éxito siendo, para un servidor, la canción más prescindible del disco sobre todo si atendemos a ese intento de falsete de Alaska que se metía en el cerebro como el sonido de rasgar el cristal.

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Fangoria recupera el aliento con “Pianíssimo”

Vaya por delante la pereza máxima que me producen los últimos discos de Fangoria. Sí, yo soy uno de esos talifanes que no ven más allá de “Una temporada en el infierno” o, si me apuras, “Arquitectura Efímera”.  En esta nueva vuelta de tuerca del dúo más chochi del pop español nos encontramos con un “desenchufado” que lejos de chirriar parece aunar a fans y detractores alrededor del icónico proyecto de los no menos icónicos Alaska-Canut.  Y es que, por un lado, recuperan canciones maravillosas como “Cebras”, “Dios odia a los cobardes” o “Miro la vida pasar”, llevándolas a otra dimensión que les encaja como un guante. Es decir: no han echado mano al manido (no por ello menos grande) repertorio de toda la vida. Y por otro lado comprobamos, sin saber exactamente el nivel de edición de la grabación del disco, que Alaska es capaz de cantar sin ahogarse por mucho que Spunky la tape. Alaska jamás ha cantado y eso lo sabe ella y todos los que la hemos adorado desde que se ponía pegatinas en el culo, pero es que eso, afortunadamente, no fue, no es y no será jamás un handicap . Para ser artista hay que tener muchas otras virtudes y si no las tienes te las trabajas. Lo interesante es que parece que este tipo de conciertos-discos vuelven a tomar aire (léase éste que nos ocupa o el impresionante unplugged que se han marcado A-ha)  y eso nos gusta mucho. Hay que reconocerle a Fangoria su afán por reinventar formatos, directos incluso su carrera ,aunque esto no se detecte desde hace varios discos, y en muchos casos aciertan. El halo místico, desnudo y elegante que envuelve este “Pianíssimo” es un buen ejemplo de ello y “Disco Sally”, su mejor canción en mucho tiempo, así lo demuestra.