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Canciones fluorescentes: ‘Ameno’ de Era

Era: concepto New Age apocalíptico con coreografía cercana a los Locomía de los 90. Finales de la década y una tendencia de moda inspirada en las películas de caballeros medievales, espadas enterradas en piedra y brujerías varias. Era, fue uno de esos proyectos efímeros que elevaron a los altares el Latín, cantado en guachiguá. A la sombra de los cantos gregorianos, los monjes budistas, Enigma, Lorena McKennitt o la mismísima Enya. La segunda mitad de los 90,s fue una etapa de creer, de relajarse escuchando estos sonidos que copaban listas de éxito, de ventas, televisiones y radios. Por un lado estaban triunfando como nunca Radiohead con su eterno ‘OK Computer’, Portishead, The Verve o La Buena Vida, sin embargo las ventas de disco-singles se la llevaban engendros como este. ‘Ameno’ es una suerte de pop etéreo, gótico, oscuro y elegante. Música para amantes de la épica literaria de un Tolkien, pasado de rosca.  Sin embargo a servidor le fascinaba tanta elegancia. ¿Recuerdas?

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Canciones que me hacen llorar: ‘Wishing (If I Had a photograph of you’ de A Flock Of Seagulls

Al rebufo de The Human League o Ultravox. A la derecha del padre Tecnopop clásico, elegante y barroco a más no poder. Sus peinados fueron seña de identidad—mejorando lo presente: el iconico Robert Smith—, también su estética/concepto futurista ilustrado. Sin embargo no lograron un éxito a la altura de sus coetáneos. Algún single del primer álbum de 1982 (I Rain o Space Age Love song) y poco más. Sin embargo esta canción de hoy es la que más calado tuvo entre los fans de la electrónica de hombreras.

«Wishing (If I had a photograph of you)» tiene una de esas melodías instrumentales que bien valen por una carrera entera. Pertenece al segundo largo de la banda,  si bien no llegó muy alto en las listas de ventas de Reino Unido, ni en ningún otro lugar del mundo. Un destacable Top 10 en UK y poco más que contar. Aún les vemos deambular por redes como Instagram, por lo que intuimos que siguen en activo rememorando tiempos pasados que ya solo interesan a los fans más radicales.

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Un medio tiempo sintético, sofisticado, seco, metálico y muy moderno para los que nos cardábamos el pelo en los 80 y mirábamos a nuestra chica o chico desde la lejanía de cualquier pub; desde la otra esquina de la barra sin atrevernos a decir lo que sentíamos a la persona a la que amabas en secreto. Morías por su pelo, sus labios, su ropa, su forma de bailar…pero hasta ahí.

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Canciones que me hacen llorar: ‘No habrá fiestas para mañana’ de Danza Invisible

Posiblemente la última gran canción de los malagueños. Aquella Danza Invisible que en el 84 nos hizo soñar que estaban sentados a la diestra de Simple Minds, a los que no tenían mucho que envidiar si atendemos a sus primeros singles: ‘Tiempo de Amor’, ‘Al Amanecer’ o ‘El Ángel Caído’. Ni Ojeda ni, sobre todo, Ricardo Texidó, ocultaron jamás la influencia de tan magnánima banda. Y es que eran potentes, elegantes, músicos y con un directo demoledor. Por el ‘Ocio y Negocio’ cambiaron su registro para latinizar su música y ahí ya no. Servidor, desde luego no. Hubo tres discos—o mejor uno y medio—que relumbraron por su calidad. Los sencillos de ‘Contacto Interior’, casi todo el mini-elepé de ‘Maratón’ y este sobresaliente ‘Música de Contrabando’ del 86 son, para mí, lo mejor de su carrera. Sonidos fríos y calculados que se fueron amoldando en este disco que se presentaba con ‘Mercado Negro’, uno de sus sencillos menos conocidos, para dar paso a canciones que se quedaron para siempre entre lo mejor del pop español de los 80: ‘Sin Aliento’, ‘Agua sin sueño’ o ‘Espuelas’. Y cerrando el circulo el tema que nos ocupa y que, en un principio, pasó desapercibido por completo. La angustia en acústico: desnuda, sin filtros ni sobreproducciones pasadas. La voz de Javier Ojeda—que ya había dado muestras de sobra de su capacidad—aquí se corona como la MEJOR, la voz que muchos quisieron imitar sin resultado. Engolar la voz así y que no quede vergonzoso solo estaba a su alcance. Que se lo pregunten al héroe del silencio aquel…

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Canciones que me hacen llorar: ‘I Wanna Be Adored’ de The Stone Roses

Aunque la letra es todo un alegato al ‘yoísmo’ más irreverente, a la par que simple, servidor no la llegó a entender hasta adquirir los mínimos conocimientos de la lengua de Shakespeare. Tampoco era tan complicado atendiendo a un estribillo machacón que nos decía: ‘Quiero ser adorado’. Sea como fuere este himno de finales de los 80 fue una de las canciones más conmovedoras de aquel movimiento ‘Madchester’ que atrapaba a propios y extraños con melodías cercanas—muy cercanas—a The Beatles pasadas por un filtro dance casi lisérgico. La canción abría el álbum debut de los británicos, comandados por Ian Brown, cuya adoración, como su propio titulo indica, fue total y absoluta por parte de crítica y público. No tuvieron que vender su alma, en absoluto. Fueron alzados en volandas hasta el altar del mayor grupo de culto del Reino Unido con tan solo dos discos en el mercado y no pocas desavenencias entre sus miembros que, una vez desmembrados, dieron vida a otros proyectos maravillosos como Seahorses o Primal Scream.

No entendía la letra pero sí la intensidad de la canción: su épica que relacionaba con dolor y tristeza, con rabia y rebeldía…Sólo había que ver como iban vestidos, dejando atrás el culto a la imagen de los 80 y cómo era su puesta en escena; ni bailar, ni cantar. En cualquier caso no había que perdérselos.

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Canciones que me hacen llorar: ‘Give It Up’ de Talk Talk

El color de la primavera representado, en la portada de este disco de 1986, con un collage de mariposas de tonos ocres. El color de la primavera no fue un disco excesivamente alegre, aunque lo pareciese—o pareciera—. Ocho canciones tienen la culpa de tan sublime obra maestra. Un disco sin tiempo pero con forma. La mística, la espiritualidad, el desafío a lo establecido en aquellos años en los que para triunfar había que seguir la estela de unos Duran Duran cualquiera. Ellos, comandados por Mark Hollis, no fueron normales, no. Desde la voz, tan característica del líder, a la temática en sus textos, pasando por unos arreglos que dejaron atrás el pop electrónico para aventurarse—y multiplicarse—en capas y capas de sonido, de vientos, percusiones varias y mucha delicadeza. Ponemos un ejemplo de ese álbum, aunque podrían ser muchos más los temas a incluir en esta sección. Desde su apertura, ‘Happiness is Easy’ al cierre, ese magnánimo  ‘Time It’s Time’.

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Hasta los mismísimos Depeche Mode—Alan Wilder incluído—destacaban entre sus influencias a este conjunto londinense. El mismo Dave Gahan llegó a decir que eran el mejor grupo de la historia de la música. Ahí queda…Ríndete hoy, si no lo hiciste en su día.

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Canciones que me hacen llorar: ‘Our Mutual Friend’ de The Divine Comedy

Una desgarradora historia de desamor. De tormentas y tormentos que surgen de la casualidad, que crecen, que se viven hasta el final y que, luego, desaparecen. El amor al que le canta este crooner divino cuya voz tiene todos los registros, habidos y por haber, para enamorar. The Divine Comedy es ese grupo irlandés que huele a indie—sí—pero diferente. Ese olor es una mezcla de madera y viento del norte; metales y cuerdas.  Neil Hannon es el hombre que lo hace todo en este proyecto y el que nos rompe con este temazo de 2004. ‘Our Mutual Friend’ (Nuestro amigo común) es una oda al amor que se apaga por el paso del tiempo, al sentimiento maduro de la desidia de la pareja y sus consecuencias. Una narración orquestada del inicio de una relación, su desarrollo y final, en brazos de otro. La instrumentación de la parte final es de las que hacen que vueles, que bailes, que llores sin consuelo cuando entiendes lo que tienes entre oreja y oreja.

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Canciones que me hacen llorar: ‘Chasing Cars’ de Snow Patrol

Nos pasamos la vida persiguiendo una quimera. Casi siempre nos quedamos en el camino. Quizás sea esa la fórmula de la verdadera felicidad, disfrutar de lo andando mientras se camina, pararse a contemplar, fijar la vista en algo, sin mirar a nada. No esperar nada…’Persiguiendo coches’ que no conducen a ningún sitio. ‘Chasing Cars’ fue el single que catapultó a la fama a este grupo de rock alternativo. Gracias a la providencia de aparecer en una serie de tanto éxito como ‘Anatomía de Grey’. Número uno en USA y muy cerca de la posición más alta en el Reino Unido, la canción es una catedral de emociones. Desde el punteo de guitarra inicial a la explosión épica del último tercio. De esas canciones que te pones, a todo volumen, cuando estas triste o cuando estás alegre porque vale para ambos estados de ánimo. A mí me daba por llorar, en su momento, porque no entendía la letra. La lírica la adaptaba yo a mis desvelos.

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Canciones que me hacen llorar: ‘Fast Car’ de Tracy Chapman

¿Quien no ha soñado con coger un coche rápido, lo más raído y potente posible, y huir del mundo? Todos, en mayor o menor medida. ¿Quien conduce? ¿Quien es el copiloto? La cadencia de esta enorme canción, la melancolía de la acústica y esa voz de arena soplada fueron clave para los que quisimos huir en algún momento. ‘Fast Car’ de Tracy Chapman vino a revolucionar el panorama musical de 1988, cuando los muertos vivientes de La Movida aún sacaban pecho (sic), cuando el Acid Jazz comenzaba a dar sus primeros pasos así como los adelantados de la música indie o el Britpop. Finales de los 80, principio de los 90: un cambio de década que, musicalmente, se perdía buscando, precisamente, un nuevo camino.

Tracy Chapman es una cantautora rotunda. “Desnuda y vertical, pero ceñida a la línea de la tierra”, como declamaba el alumno de Machado, Dionisio Ridruejo. Este fue uno de sus dos grandes éxitos, ambos incluidos en ese primer álbum multiplatino y premiado hasta la saciedad.

Este fue el otro…

Una metáfora sobre la vida que anhelamos y que cuando conseguimos no nos llega a hacer felices del todo.

“Tienes un coche rápido,
yo quiero un billete a cualquier lugar,
quizás podamos hacer un trato,
quizás juntos podamos llegar a alguna parte,
cualquier lugar es mejor,
comenzando desde cero, no teniendo nada que perder,
quizás consigamos algo,
yo misma, no tengo nada que probar”.

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Canciones que me hacen llorar: ‘No surprises’ de Radiohead

Con un corazón que está tan lleno como un vertedero. Así de contundente arrancaba esta obra maestra del rock alternativo. ‘No surprises’ era, musicalmente hablando, la parte más amable del álbum ‘Ok Computer’ de Radiohead. Musicalmente hablando. La parte lírica era/es tan angustiosa como el videoclip que acompaña la pieza. Thom Yorke acaba de entrar en la cincuentena, así que somos de la misma quinta. Pues me parece muy bien y aunque intente buscar paralelismos entre ambos seres (él y yo) creo que pocos voy a encontrar lejos de una melancolía crónica marcada, en muchos casos, por sus canciones.

Es el caso. ‘No surprises’ es una canción hastío, casi protesta. Yo la entendí como un canto al hartazgo de la gente que no es escuchada por los que, se supone, deben velar por nosotros y nuestros intereses. La vejez, el cansancio y querer llevar una vida tranquila, sin sorpresas.

No he vuelto a sentir nada parecido con el resto de su extensa discografía, a excepción de ‘Let Down’ pero en otro sentido totalmente opuesto. A pesar de ser un tema dedicado a la decepción aquí Yorke quería tener unas alas para poder volar y escapar del mundo. Ahí coincidíamos…

Y si de rizar el rizo se trata…

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Canciones que me hacen llorar: “Miel en la nevera” de Tino Casal

“Hago sombras chinas con las manos…” Si hay una canción que mejor refleje la soledad del que vuelve a casa, hasta las trancas, para refugiarse en el vacío más absoluto de un corazón hecho trizas, por la ausencia de la amada, esa es la que nos ocupa hoy. “Miel en la nevera” cerraba el álbum “Hielo Rojo” (1984) del asturiano más universal. Cara B (error) del single “Teatro de la oscuridad”. Podríamos decir que es una balada al uso, incluso perfecta para cantantes melódicos de la época como Miguel Gallardo o Juan Pardo. Pero en el imaginario de Casal la cosa cambia radicalmente. Los arreglos, siempre un paso por delante de los del resto de discos de aquellos años, la atmósfera que Tino creaba con su voz; saliva ardiendo como lava de volcán en cada estrofa. Un “sin amor, prefiero estar sin un amor” que se clavaba justo en la parte más baja de la garganta. La canción es un himno a la soledad, como decíamos arriba. Angustiosa. Neón que parpadea mientras buscas en la nevera algo con lo que paliar la ansiedad, el hambre de una noche de excesos químicos y sensoriales. Él nunca estuvo solo, al menos físicamente, sin embargo pudo haber tormentas internas, como las que todos tenemos alguna vez, que él pudo exorcizar vía canciones como esta. Otros no tenemos esa suerte…

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Canciones que me hacen llorar: “Drive” de REM

La primera vez que escuché esta canción me quedé muy frío. Congelado. Tras el enorme éxito de ´Losing my Religión´; tras ese himno de rock—casi religioso—con tan desgarrada letra y arreglos de cielo, nadie podía imaginar que una canción tan dificil, estructuralmente hablando, se iba a convertir en la carta de presentación de su siguiente disco. Pues sí. ‘Drive’ nos hizo atravesar la carretera de ‘Automatic for the People’, a la postre su álbum más aclamado.

Conducir, manejar la propia vida. Subirte o bajarte en cualquier estación, en cualquier calle. Atreverse a vivir. Así entendí la letra de esta canción tan gris, tan cenicienta, tan América profunda. Resulta que a base de escuchas fui profundizando en la canción hasta tal punto que se ha convertido en mi favorita de toda la carrera de la banda. Será por esas cuerdas, será por el videoclip, será por la voz de Stipe que aquí se mete el otoño entero en la garganta.  Preciosa pieza para una estación recién iniciada, aunque no lo parezca.

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Canciones que me hacen llorar: “La Cena” de Esclarecidos

La melancolía perfecta mientras se prepara una cena entre amigos. Yo te quiero, pero tú no lo sabes. Secretos de estado emocional que se descubren sin demasiado zarandeo. Un amor que pasa, que se pierde entre cobardías varias, quizás. La voz de la Lliso es una de las más bonitas del mundo. Canta como hija de un dios menor, porque no tiene la potencia vocal de las grandes divas, gracias al cielo. Ella canta casi con angustia y tanto es así que parece que las palabras se le caen de los labios, doloridas. Y se estrellan contra el suelo. Esclarecidos fue (y será) una de esas bandas de culto que rebosan elegancia musical y una lírica al alcance de pocos. Es pura poesía y sus discos se cuentan por obras maestras. Pop, rock, folk, jazz…Esclarecidos. “La cena” pertenece a uno de sus elepés más completos, “Rojos” (GASA, 1991), ese que nos invitaba a arroparnos en el parador, en invierno, ese de la noche de hiedra y un tren azul cargado de emocionales personajes.

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Canciones que me hacen llorar: “Cena recalentada” de Golpes Bajos

Hoy en Canciones que me hacen llorar, una de adolescentes rebeldes, incomprendidos, sufridores de las cadenas paterno-materno-filiales que a los 15 años abrasan el cuello. Una de esas canciones que marcaban a toda una generación de jeans de la marca Lois con rodilleras, chupas vaqueras, con los cuellos vueltos hacia arriba, tabaco que se compraba “suelto”: por cigarros y no por paquetes, parques que eran bunkers para el amor joven y clandestino…”Para ti” de Paraíso, “Me voy de casa” de Mecano o esta “Cena Recalentada”, de unos vigueses en estado de gracia, podrían conformar la Santa Trinidad de la canción protesta juvenil de los primeros 80. Un single, que no fue, de su álbum “A Santa Compaña” de 1984. Más tarde sí que se le daría esa posibilidad como sencillo de aquel intento de retomar la magia en 1990 con el fallido elepé, “Vivo”.

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Parece que ahora también se recuperan, en la voz de Iván Ferreiro, parte de los éxitos del grupo de Germán Coppini. El 21 de septiembre ya se avanza la publicación de un álbum dedicado a Golpes Bajos bajo el título de esta canción que nos ocupa. Muy fino tiene que hilar su paisano si quiere acercarse, mínimamente, al clímax de la voz de Germán. Eso es algo imposible de conseguir. La voz de Coppini es una de las más características y personales de la historia de nuestra música. No solo las dotes vocales: la actitud, la presencia, el halo triste y desgarrado de su imagen, esa bellísima forma de interpretar las mejores letras del pop cantado en español…Acercarse ahí es harto complicado.

La canción me pilló en pleno descubrimiento. Aún estaba intentando saber el porqué de mi melancólica existencia granulosa y espigada. ¿Por qué estaba triste siempre? Más tarde lo averigüe y sonriendo, hoy, me caliento la cena fría feliz de haber sido testigo, en primera persona, de la publicación de estas maravillas.

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Canciones que me hacen llorar: “Cut the World” de Antony and the Johnsons

Anohni. Ella es la culpable y la bandera de una rebeldía que quiere cortar el mundo. Antony fue su lado masculino, del que renegó por obra y gracia de sentirse libre, al fin. Inetiquetable. Hoy rescato de mis historias de las lágrimas esta canción tan concisa, tan rotunda, tan descarnada de la propia existencia; esa que quiere desobedecer lo establecido y a los/as que manejan sus hilos. “Cut The World” contiene fuego y acero, látigazos de voz, esa que muchos quieren emparentar con la de Nina Simone. Los vídeos son el carruaje perfecto para la huída. Rescatamos, del mismo modo, tres muestras de la poderosa fuerza musical y visual de esta canción. El videoclip oficial protagonizado por Willen Dafoe y Carice Von Houten (acá Melisandre) ya nos cortó el cuello. Lo mismo que la interpretación de la copla en el Teatro Real donde vemos todos los registros dramáticos de la voz de la cantante, todas las emociones que son capaces de disparar sus cuerdas vocales.

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Canciones que me hacen llorar: “Adagio para cuerdas” de Barber

Esta obra máxima del maestro Barber es tan brutal que está considerada la pieza musical más triste de la historia. Su mar de cuerdas, de notas flotantes, ha puesto B.S.O a muchas muertes. También a películas de corte de venas profundo. Desde la bélica poesía de Platoon a la mirada triste de Amelie, pasando por la máscara sucia de El hombre elefante o la delicadeza visual de Los Juncos Salvajes. Climax y tristeza. La subida justa para provocar una historia de lágrimas reparadoras. Porque llorar es saludable y expiatorio. Solo hay que saber el porqué de dicha tristeza para poder comulgar con ella sin que esta provoque más daño del necesario. Y el adagio es la música perfecta para expolear al que necesita sanar por dentro una herida para luego dejarla abierta con el fin de que el viento bueno venga y la seque. Fue escrita en 1936 y estrenada en el 38.

 

Ha tenido  adaptaciones miles, aunque para los que cumplimos la cincuentena se nos quedarán grabadas para siempre estas:

 Y sobre todo:

 

No olvides que la tristeza también se puede bailar…

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Canciones que me hacen llorar: “El waltz de los locos” de Nacho Cano

Una pieza única para el mejor Nacho Cano en solitario. Su disco de debut fue toda una declaración de intenciones. Quería convertirse en el nuevo Mike Oldfield o mejor aún; en el nuevo Michael Newman. Ay! Dalai…El intento fue bueno pero el resultado comercial no estuvo a la altura de las expectativas, normal teniendo en cuenta que era un disco instrumental y de factura bastante difícil. Aún así, “Un mundo separado por el mismo dios” nos dejó muchos momentos estelares para los que amábamos el concepto instrumental de Mecano. Una de esas piezas con más fundamento en ese sentido fue este single: “El vals de los locos”. Violines llorosos para un tema que describe el día a día de personas con discapacidad psíquica o mejor dicho: personas con diferentes capacidades. Una orquesta arropa una de las melodías más bonitas que conozco del pequeño Cano a la que no le hace falta letra porque la instrumentación ya lo dice todo. No hay que tenerle miedo al diferente. Nadie sobra en esta orquesta. Feliz Día de la Música.

El vídeo está dirigido por la propia Penélope Cruz.

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Canciones que me hacen llorar: “Faith” de The Cure

Tercer disco de la banda. Tercer nudo en la garganta. Cógeme si me caigo. El álbum es de 1981 aunque yo lo descubrí en el 87, cuando todo era negro y gris para mí. Si bien la oscuridad bailable de Depeche Mode, por aquel entonces en la cima de “Music for the Masses”, ya me tenía más que enganchado, fueron esas guitarras de ceniza las que me provocaron llantos desconsolados. Esa forma de tocar mirando al suelo. El negro de las ropas, el rojo de los labios y las uñas lacadas. Entonces lo entendía todo, la música me erizaba la piel a través de unos viejos cascos marca Sennheiser. Hoy me cuesta la vida misma volver a emocionarme así. No se hace ni mejor ni peor música, pero la edad—y su inocencia—tienen mucho que ver con el resultado final, el que te hace sentir la música de una manera u otra. La que tu hace subir y la que te entierra. En este caso, “Faith”—para mí una de las mejores composiciones de Robert Smith—tenía y tiene todos los ingredientes para ser de esas canciones que te clavan al suelo. Con un poso tan triste que no da respiro. Una intro largísima, pero necesaria, para dar paso al desgarrador documento en el que el bueno de Robert habla de espiritualidad, de fe y ¿devoción? De un ángel caído, derrotado por lágrimas de sangre. Tal y como está el panorama actual, de inquisición y mordaza, igual estos versos podrían haber provocado más de una quema de siniestros:

Viólame como un niño
Bautizado en sangre
Pintado como un santo desconocido
No queda nada salvo la esperanza

“Atrápame si me caigo
Estoy perdiendo el control
No puedo seguir de esta manera
Y cada vez que
Me aparto
Pierdo otro juego ciego
La idea de perfección me retiene
De repente veo que cambiaste
Y de repente
Todo esta igual
Pero la montaña nunca se mueve…”
“Tu voz está muerta y vieja
Y siempre vacía
Confía en mí los años que se acercan
Los momentos perfectos…”

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Canciones que me hacen llorar: “Come Undome” de Duran Duran

“No puedo creer que me estés rompiendo el corazón”

Terminar deshecho. Venirse abajo. No levantar el vuelo. Lo podéis traducir como queráis pero  el mensaje es claro. Conciso. Amar trae consigo una parte de derrota que nos deja sin energía. Y casi siempre es así. El camino recorrido va dejando huellas indelebles. Algunas pisadas profundas que no logran borrarse. Ni el polvo, ni la lluvia, ni la nieve consiguen hacer que olvides la parte negativa de una relación cuando ésta acaba. Pesan más las aristas—que cortan, que pinchan— que las piedras redondeadas y más transitables de la autovía del amor. Así, de esta manera he interpretado siempre esta canción de Duran Duran, perteneciente a su álbum de 1993, de título homónimo— conocido también como The Wedding Album—que les devolvió a los altares del éxito masivo gracias a esta pieza que nos ocupa. Impresionante y épico medio tiempo en el que Simón Le Bon se deja la garganta cantándole al desamor con la colaboración en los coros de Tessa Niles. 

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